Mini John Cooper Works

Desde hace ya bastantes años, la marca Mini ha trabajado duramente para convertirse en la referencia deportiva entre los coches más pequeños y urbanos del mercado, primero con sus modelos Cooper y Cooper S y, posteriormente, con la preparación John Cooper Works, del que ahora probamos la segunda generación. Ni que decir tiene que esta versión es la más radical de la gama, con una peculiaridad, el John Cooper Works en lugar de haberse desarrollado como un coche deportivo y luego haber creado una unidad para las carreras, ha sido justo al contrario. Se creó primero la versión de carreras, que está compitiendo en la Mini Challenge, y de éste derivó la unidad de calle. Como en cualquier Mini, las sensaciones de conducción van siempre al límite, pero en este potenciado John Cooper Works van aún más lejos con el tacto más directo y radical de un coche de carreras. En su interior, todo sucede muy rápido pero su rígido chasis, perfectamente puesto a punto en materia de suspensión,
nos concede la posibilidad de realizar la conducción más deportiva y rápida con grandes dosis de seguridad.
En líneas generales, el Mini John Cooper Works presenta un aspecto exterior muy similar al de sus hermanos de gama, aunque con evidentes detalles que delatan su rebeldía, además de que a nivel mecánico no tiene nada que ver, puesto que tanto el propulsor como el tren de rodaje se han concebido para ofrecer las mejores capacidades dinámicas del segmento. Por fuera, se diferencia fácilmente por una serie de aditamentos deportivos en los faldones de los paragolpes y en el doble sistema de escape central. Por si quedaba alguna duda del tipo de coche del que se trata, el tren rodaje es el propio de un coche de carreras con elementos como llantas de aluminio de 18 pulgadas pintadas en color negro, pinzas de freno sobredimensionadas con cuatro pistones rojas con el sello de John Cooper Works en el eje delantero y un imponente alerón trasero muy aerodinámico, y es toda una declaración de intenciones.