Es probable que muchos hayan oído hablar en alguna ocasión de las
carreras de aceleración de Santa Pod, esa competición
en la que dos vehículos tratan de recorrer en cuarto de milla (402
metros) en el menor tiempo posible. Es cierto que en Autocity apenas
habíamos informado de este tipo de eventos, y también es cierto
que algunos los consideran unos espectáculos un tanto macarras; pero no
debemos guiarnos por prejuicios y sí por los hechos. Uno de los hechos
es que la propia Federación Internacional de Automovilismo convoca el “European
Drag Racing”, por lo que esta disciplina merece tanto respecto como
los rallys, las carreras de turismos o incluso la Fórmula Uno.
Aprovechando la reciente presentación del calendario 2010 del mítico
Santa Pod Raceway, vamos a explicar
algunos conceptos básicos de este tipo de competiciones. El origen de
estas carreras es americano, cuando en la década de los 20 comenzaron
a hacerse populares. En Europa la meca es Santa Pod, ubicado en el centro
de Inglaterra, más o menos a mitad de camino entre Birmingham
y Londres. Esta pista era una antigua base aérea americana que se utilizó
para tal fin en la Segunda Guerra Mundial, y tras su abandono, desde
1966 pasó a emplearse para las carreras de coches y motos.
En la actualidad el complejo se encuentra lleno casi todos los fines
de semana, pues existen miles de fans del motor que celebran ahí
tanto carreras como espectáculos variados. Las pruebas
de aceleración del cuarto de milla son el atractivo principal,
pero, además, estas se combinan con concentraciones, saltos de
motocross, espectáculos casi de circo como el de los Monster
Trucks, etc. Vamos, toda una fiesta del motor para los entusiastas
de la gasolina, las piruetas y “la goma quemada”.
Los famosos dragsters -vehículos preparados para acelerar
lo máximo posible- son las estrellas de Santa Pod, y
existen multitud de categorías en las que participar. Durante toda la
trayectoria de las carreras de Santa Pod se han catalogado numerosas disciplinas,
algunas de ellas ya desaparecidas. Las más espectaculares por concepto
eran las de los “Jet Car”, unos aparatos con
motor a reacción -como el de un avión- que llegaban a
alcanzar los 540 km/h tras dejar atrás una impresionante
estela de fuego.
Ahora los más rápidos son los bólidos englobados en la
categoría Top Fuel Dragster, unos alargados
monoplazas de pequeñísimas ruedas delanteras y enormes
neumáticos traseros, alerones y topes para que no “haga
caballito” al salir catapultados. Con unas potencias que se acercan
a los 3.000 cv gracias, en parte, a la utilización del
carísimo nitrometano como combustible, los mejores aceleran
de 0 a 100 km/h ¡en menos de un segundo! y recorren los
402 metros (el famoso cuarto de milla) en unos 5 segundos, pudiendo alcanzar
velocidades que rondan los 480 km/h.
El resto de categorías tampoco tiene desperdicio, como la de los Fuel
Funny Cars, los cuales cuentan con una carrocería de fibra de
vidrio con la que imitan las siluetas de modelos de serie. Otros van alimentados
por combustibles algo más habituales, e incluso hay categoría
de coches de serie con gasolinas reglamentarias para la circulación.
Por supuesto, las motos también gozan aquí de gran protagonismo,
y se dividen en varias categorías. Al margen de su preparación,
potencia y combustible, se celebran carreras para clásicos,
para marcas concretas (por ejemplo, BMW o Volkswagen), para los entusiastas
de los deportivos japoneses (las JapShow),
etc.
En definitiva, que bien tenga un mayor componente de competición o bien
de espectáculo, el verdadero entusiasta del mundo del motor debería
ir al menos una vez en la vida al Santa Pod Raceway. Una vez más, con
eventos de esta magnitud, se pone de manifiesto como la cultura automovilística
británica es una de las más ricas, algo que también se
demuestra con el multitudinario Festival
de Goodwood.