Una de las razones que en ocasiones se alega como causa de accidentes es la falta
de visibilidad o visibilidad insuficiente. Más concretamente,
el fallo de algunos conductores en detectar la presencia de otro vehículo
puede ser la causa de accidentes, especialmente en colisiones frontales por adelantamientos
inadecuados o colisiones en giros o intersecciones. El hecho de que un
vehículo encienda sus luces al circular ayuda a percibir la presencia del
mismo y, por tanto, puede contribuir a la seguridad vial.
Esta es la razón por la que las motocicletas deben
circular obligatoriamente con las luces de cruce encendidas
y no parece que esto haya supuesto ningún conflicto entre los usuarios.
De hecho, por las mismas razones que se aplica a las motocicletas, en
algunos países esta norma se ha hecho extensiva también
a los vehículos de cuatro ruedas, que deben circular con las
luces encendidas continuamente, desde que el vehículo se pone en marcha.
Debido a esta obligación, los fabricantes de vehículos
en estos países venden sus modelos con un sistema de iluminación
automático que se enciende al poner en marcha el motor.
Los estudios con buenos resultados sobre accidentes tras los primeros experimentos
pioneros, y ayudados por las particulares condiciones de iluminación
ambiental, hicieron que los países escandinavos fuesen
adoptando, uno tras otro, esta obligatoriedad de uso. Así pues, la primera
obligación sobre DRL (Daytime Running Lights o luces de uso diurno
continuo) se introdujo en Finlandia en el invierno
de 1972/73 y posteriormente la obligación pasó
a todo el año.
La experiencia Finlandesa estimuló la obligación de DRL en todo
el año para Suecia, que se introdujo en
octubre de 1977. En Noruega el uso voluntario
de las DRL conseguido con campañas de recomendación aumentó
desde casi cero a mediados de los sesenta al 60% en 1985, después de
lo cual las DRL se convirtieron en un elemento de serie, lo que fue seguido
por una obligación, en 1987/88, para los conductores
de los vehículos de motor más antiguos. La ley sobre DRL se aprobó
también en el parlamento danés sin mucha oposición.
Sin embargo, fracasó un intento de obligación experimental para
los países del Benelux, a pesar de una recomendación positiva
de un comité internacional de expertos de la mayoría de los países
de la UE.
Posteriormente, otros países como Canadá o Hungría
también adoptaron esta medida basándose en resultados
de estudios que todos coincidían en indicar beneficios en términos
de accidentalidad. Sin embargo, la extensión de esta medida a los vehículos
de cuatro ruedas ha suscitado más controversia de la que cabría
esperar, dados los resultados aparentemente buenos que esta medida ha tenido
en los países en los que se ha implantado. Como se ve, hay oponentes
entre algunos colectivos que se consideran perjudicados, principalmente los
motociclistas, se oponen al uso de las DRL por parte de los coches
alegando que las motocicletas pierden la ventaja relativa de la que ahora gozan
en términos de visibilidad, puesto que ellas ya circulan con las luces
encendidas. Por otro lado, también han surgido oponentes entre los grupos
ecologistas que se quejan de un mayor gasto de combustible
y con ello de contaminación.
Es cierto que la mayoría de los estudios realizados sobre DRL parecen
contar con limitaciones técnicas dadas por la dificultad de aislar de
forma eficaz el efecto de las luces de otros factores paralelos que hacen difícil
medir la eficacia de las luces de forma exclusiva a la hora reducir (o no) el
número de accidentes. No obstante, y a pesar de este último aspecto,
se hace difícil negar que la coincidencia en todos estos estudios a la
hora de encontrar un efecto beneficioso de las DRL se deba a un verdadero efecto
intrínseco positivo de las luces y que sea sólo efecto de la casualidad
en los datos.
Otro argumento en contra de la implantación de las DRL en países
de latitudes inferiores a los escandinavos (como los del sur de Europa o EE.UU.)
sea la menor eficacia de las DRL en estos países debido a la mayor luminosidad
ambiental media de los mismos. Esto parece un hecho demostrado para algunos
investigadores, de modo que cuanto más cercano está el país
al ecuador menor es la eficacia de las DRL. También se ha sugerido que
en los países de latitudes inferiores la obligatoriedad de uso
de las luces diurnas podría establecerse sólo para los meses de
invierno, ya que la mayor eficacia de estas luces se obtiene en los
momentos del día con visibilidad más reducida, como ocurre más
frecuentemente en invierno y en las horas del crepúsculo.
El estudio más reciente, publicado en EE.UU por investigadores del IIHS,
indica también resultados positivos de las DRL en Estados Unidos, aunque
no tan grandes como indicarían otros estudios anteriores. Se sabe que
en Francia se está llevando a cabo otro estudio sobre las DRL, cuyos
resultados serán de gran interés para los países del sur
de Europa, peros sus resultados aún no se han publicado.
A pesar de ello, los grupos de oposición, principalmente la asociación
nacional de conductores, se mantiene firme en su postura, indicando, además
de los anteriormente citados, problemas de deslumbramiento,
enmascaramiento de los intermitentes del vehículo, aumento de la confusión
visual, disminución de la visibilidad de otros usuarios, distorsión
de la percepción de la distancia o reducción de la visibilidad
de los vehículos de emergencia. Sin embargo todas estas quejas no vienen
apoyadas por estudios al respecto, y se basan más bien en la desacreditación
de los estudio ya existentes o en apreciaciones de los miembros de la asociación,
apreciaciones que, dado el carácter perceptivo del problema no dejan
de tener un alto grado de subjetividad.
A la vista de los resultados de todos los estudios realizados parece
claro que el uso de luces DRL tiene un efecto positivo para la seguridad vial
ya que todos los estudios están de acuerdo en eso en mayor o
menor medida. Lo difícil es cuantificar la magnitud de ese beneficio.
Lo que para unos investigadores es un beneficio muy notorio para otros es un
beneficio muy limitado. La dependencia de la eficacia de esta medida de la latitud
del país (o lo que es lo mismo, de la iluminación ambiental) hace
que la conveniencia de esta medida sea muy cuestionada en los países
de latitudes más sureñas, como España. Dado que existe
un coste en la aplicación de esta medida (aunque muy reducido según
los estudios) se plantea la duda de si existen otras medidas más eficaces
y prioritarias antes que la de implantar la obligatoriedad de uso de las luces
durante el día.
En cualquier caso, si bien a plena luz del día podemos plantarnos la
conveniencia de encender la luces de cruce del vehículo al circular por
carretera, lo que está claro es que ante el más mínimo
detrimento de visibilidad la utilización del alumbrado de cruce va a
ser siempre beneficioso, por lo que no debemos dudar en encender las
luces, aun cuando sea de día, siempre que el nivel de iluminación
ambiental o de visibilidad baje por alguna razón, como debido al empeoramiento
de las condiciones meteorológicas o en los momentos en los que el día
comienza a decaer, sin esperar a que sea más de noche. También
al amanecer, con las primeras luces del alba, la iluminación ambiental
está lejos de alcanzar sus niveles máximos, y en estos momentos
de crepúsculo (tanto al amanecer como al anochecer) es cuando más
se notan los beneficios del uso de las luces en cuanto a la detección
de la presencia de otros usuarios.
En definitiva, no debemos ser reacios ni escatimar en exceso el empleo de la
energía eléctrica del vehículo. El gasto extra
por llevar las luces encendidas es mínimo, no nos va a perjudicar
y sí nos puede beneficiar como usuarios del vehículo y a otros
usuarios de la vía que adviertan mejor nuestra presencia.
Texto: Centro Zaragoza, Instituto
de Investigación sobre Reparación de Vehículos, S.A.