El pasado fin de semana, desde el viernes 30 de octubre hasta el domingo 2
de noviembre, se celebró la decimoquinta edición del Autoclassic
de Alcañiz, una feria dedicada al automóvil de época
que durante su primera década logró posicionarse entre
las mejores ferias nacionales -sólo superada por el Auto
Retro de Barcelona y el Retromóvil
de Madrid- pero que durante los últimos había bajado su nivel.
Con el fin de recuperar el prestigio y seguir resultando una cita ineludible
para los cada vez más numerosos aficionados al automóvil de colección,
este año la dirección del Salón cambio de manos,
pasando ahora a la Cámara Oficial de Comercio e Industria de
Teruel. Estos nuevos organizadores han sabido contentar mejor a los
expositores, reuniendo a un total de 88 especialistas en los
más de 3.000 metros cuadrados destinados a la exposición
de automóviles, motocicletas, recambios, libros, revistas, miniaturas,
clubs y entidades relacionadas con el automovilismo.
De este modo, el ambiente general de la feria ha ganado muchos enteros
respecto a las últimas ediciones. Lástima que la adversa
climatología se encargase de que el número de visitantes
no subiese considerablemente respecto a anteriores ediciones (unas 15.000 personas).
Pero entre los que confiaron en esta recuperación de la feria bajoaragonesa
encontramos muestras de satisfacción y un optimismo
generalizado de cara a próximas ediciones, y más a partir de 2009,
cuando se podrán aprovechar las sinergias que brindarán las espectaculares
instalaciones de Motorland Aragón, el macrocomplejo
de circuitos permanentes que estará finalizado a mediados del próximo
año y que se inaugurará el 25 de octubre de 2009 con una
carrera de las World Series de Renault.
Pero centrándonos en lo visto es esta decimoquinta edición del
Autoclassic, cabe destacar el buen ambiente que se respiraba en el parking
exterior, donde muchos de los aficionados acudieron con sus coches
de colección, incluidos algunos clubs, que organizaron excursión
para tal evento. También hubo exhibiciones, como la
caravana de Renault 8 TS y Alpine que recorrió el antiguo
trazado urbano de Alcañiz.
Al acceder al interior, tres interesantes piezas de Ramón Magriñá
recibían al visitante: un Delahaye de 1937, un Hotchkiss de 1938 y un
Jaguar XK140 de 1955. Una vez dentro del recinto, cada aficionado mostraba mayor
interés en función a sus gustos, aunque nadie podía pasar
por alto el stand en el que se hallaban varios vehículos de transporte
y un coche de carreras, todos ellos de la marca Hispano Suiza.
Estos vehículos, junto a algún veterano como el Buick Ten, fueron
de los más admirados.