La pequeña bomba de la marca del escorpión –ahora bajo la tutela de Fiat-, el Abarth 500, confiere unas prestaciones sobresalientes, unas reacciones sumamente ágiles, una aceleración brutal y un carácter deportivo gracias a sus 135 CV de potencia (motor turboalimentado 1.4 turbo-jet que el grupo italiano ya ha montado en el Grande Punto Abarth y el Alfa Romeo Mito), unas suspensiones endurecidas y un chasis modificado –respecto al Fiat 500- que distingue a este minúsculo y potente ‘bólido’ que presenta su mayor lastre en el precio final: 18.500 euros por los 13.500 del Citroën C2 1.6l 16 V VTS, los 15.380 del Renault Twingo RS.
Es un coche pensado, indiscutiblemente, para una conducción rápida y agresiva en carretera: asientos deportivos con los reposacabezas integrados, volante y palanca de cambio forrados en cuero, reloj que indica el momento óptimo para cambiar de velocidad, el Blue&Me TM MAP, un sistema de telemetría donde se recogen todos los datos de la circulación (al estilo Fórmula Uno), o el control electrónico de estabilidad con ayuda al arranque en pendientes (Hill Holder).
Por fuera todo está sobredimensionado para acentuar este carácter. En la década de los 60 los deportivos Abarth salían al mercado bajo la denominación de ‘coches pequeños pero traviesos’. Desde luego que el conjunto prestaciones-interior-diseño ha calcado aquel propósito en un coche que parece –sólo parece- de juguete. Con la evolución tecnológica y aerodinámica que la automoción ha sufrido en los últimos 50 años, al Abarth 500 le vendría al pelo una nueva denominación ‘El pequeño killer del siglo XXI”.
Si alguien se acerca a este vehículo sabe que el sobreprecio –Abarth siempre se encarece algo respecto a su matriz Fiat- y sus dimensiones reducidas –el habitáculo resulta especialmente bajo en las plazas traseras y estrecho en las delanteras- son lastres que hay que asumir en contrapartida con unas prestaciones superlativas, de coche de competición.