| EL SABER NO OCUPA LUGAR |
|
Salimos de la autoescuela y somos conscientes de que apenas sabemos manejar
el coche y desenvolvernos entre el tráfico, pero pasan unos años
y unos cuantos miles de kilómetros y nuestra confianza aumenta hasta
el punto de pensar que somos unos excelentes conductores; ahora bien ¿estamos
preparados para cualquier situación de riesgo? Lo más probable
es que no. Y es que como para cualquier otra actividad, su dominio requiere
un periodo de aprendizaje, y para aprender a controlar las reacciones
de un automóvil en situaciones límite más nos
vale que no nos de por practicar en carretera abierta, pues nos jugamos nuestra
seguridad y la de los demás.
La opción más acertada si deseamos mejorar nuestro nivel
de conducción y adquirir unos conocimientos que nos permitan
salir airosos de una situación de peligro es acudir a una escuela de
conducción donde nos enseñarán prácticas que quizá
un día puedan salvarnos incluso la vida. En la actualidad la
oferta es variada, pues casi todos los circuitos permanentes y los organismos
o clubs automovilísticos poseen su propia escuela de conducción.
En todos estos sitios disponen de cursos básicos que
se imparten en un día y abordan la teoría y la práctica
de las maniobras de peligro más comunes en la vida real (a partir
de 180 euros), la mayoría de ellos ofrecen una segunda opción
de perfeccionamiento para los ya iniciados.
Tampoco es difícil encontrar cursos de pilotaje, los
cuales en un fin de semana nos permiten conocer las características de
la competición y experimentar con verdaderos coches de carreras, algunos
de ellos con monoplazas (alrededor de 600 euros). Y para los más entusiastas
que tengan una economía bastante saneada, existe la posibilidad de conducir
verdaderos monoplazas de Fórmula Uno, eso sí,
en este caso el día nos puede salir por más de 3.000 euros.
Además de los cursos dirigidos a todo tipo de conductores, están
los específicos destinados a cuerpos de seguridad, escoltas privados,
vendedores de concesionarios, etc, que son lago más completos
y enseñan en unos casos la conducción evasiva y en otros el funcionamiento
de los últimos avances tecnológicos. También están
en alza los de conducción 4x4, ya que la mayoría
de propietarios de todoterrenos no saben de lo que son capaces sus vehículos.
Y por último las propias marcas –principalmente
las de prestigio y/o las de vocación deportiva- disponen de cursos específicos
para clientes. En Autocity tuvimos el privilegio de asistir
a uno de ellos, impartido por la Escuela de Conducción Audi,
y tras la cual pudimos extraer claras conclusiones de lo positivo que
resulta tomar una de estas clases. Varias pruebas que recrean situaciones
que nos pueden suceder en la conducción real, tales como frenadas
de emergencia, trazada de una curva en mojado entrando algo “pasados”
o esquiva de un obstáculo a alta velocidad.
En definitiva, que es una lástima que estos cursos no estén subvencionados
y que a nuestros dirigentes no les lleguen a convencer (en ocasiones se llegó
a decir desde la DGT que podían resultar contraproducentes porque enseñaban
a conducir más rápido o a practicar maniobras más arriesgadas).
En otros países, como por ejemplo Alemania, al presentar un diploma de
estos cursos se pueden obtener bonificaciones en los seguros de automóvil.
Enrique Marco, Autocity.
7 de Noviembre de 2005
|