Prueba de manejo
La Mazda5 es más utilitaria que divertida, pero más divertida de manejar que cualquier minivan.
Utilizar la Mazda5 para hacer recados es la mejor parte, entrando en lugares estrechos de estacionamiento gracias no en poca medida a un círculo de giro que supera a toda la competencia por varios pies. Todas las tareas cotidianas se hacen con la conciencia razonablemente tranquila, y sin necesitad de pedir prestamos para alimentarla, gracias a un respetable millaje de combustible.
Detrás del volante, la Mazda5 es una conductora correcta. La dirección no es especialmente precisa, pero tiene buena sensación de centrado y estabilidad direccional. Para un vehículo relativamente alto como éste, hay poco golpeteo de los vientos cruzados o de los camiones rebasando. Los frenos son sólidos, con una comunicativa retroalimentación del pedal.
La respuesta al toque del acelerador puede ser un poco más abrupta de lo que se espera, especialmente cuando se acelera al arrancar estando en una curva, así que no ganará el premio de NCTD como mejor coche para viajar al trabajo, aunque en gran parte, la respuesta del motor se controla fácilmente.
Hablando de la respuesta del motor, aunque la Mazda5 es razonablemente vivaz con un par de personas en ella, cárguela a tope con las cosas necesarias para el fin de semana trabajando en el jardín, o con un par de personas más para pasar una noche en la ciudad, y su aceleración se vuelve un poco indolente. Aun hay suficiente torque para realizar todo esto con relativa facilidad, pero más allá de eso se hace evidente que se fuerza. Es necesario planear con anticipación al incorporarse en un freeway o al rebasar en una carretera de dos carriles. Toda esta masa también explora los límites de los frenos y cambia el balance del vehículo por todos lados, convirtiendo abruptos movimientos evasivos en momentos excitantes. Incluso sin carga, las rápidas transiciones izquierda-derecha-izquierda es mejor no hacerlas a velocidades de viaje superiores a lo socialmente responsable.
La palanca de velocidades de la transmisión automática se desliza con seguridad a través de su conjunto de cambios. El modo manual de la automática es fiel al concepto, manteniendo la marcha seleccionada a pesar de la velocidad del motor. Empuje hacia arriba para bajar una velocidad y tire hacia abajo para subir una. La manual de cinco velocidades definitivamente no es una caja de cambios deportiva, requiriendo apuntar con cuidado en la selección de velocidades. El mecanismo del clutch es suave y el recorrido del pedal no es ni demasiado ligero ni demasiado pesado. La transmisión automática de cinco velocidades incrementa la economía de combustible contra la automática de cuatro del año pasado y trabaja de manera continua a través de las marchas. Con la automática, la Mazda5 está calificada por la EPA con 21 millas por galón en ciudad y 27 mpg en carretera. Con la manual, esos números son de 22/28 mpg.
El ruido del viento no es especialmente intrusivo, ciertamente no más que en la Ford Taurus X. La actividad de la suspensión es mas evidente con las marcadas roturas del pavimento resonando directamente dentro de la cabina, esto debido en parte a los ahorros en peso que colocan a la Mazda5 bastante por debajo de las dos toneladas de la Taurus X.
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