Prueba de manejo
La Lincoln MKX es cuestión de relajación, confort y estilo. Descubrimos que la MKX provee todo el agarre de giro y la estabilidad que necesitan la mayoría de conductores, a la vez que se mueve lo bastante suavemente para evitar que se derrame su café mañanero camino al trabajo.
El V6 3.5 litros de cuatro árboles de levas tiene suficiente empuje para fáciles incorporaciones en freeways atestados o para llevar una carga completa sobre pendientes. Descubrimos que la automática de seis velocidades es reacia a cambiar hacia abajo a menos que aplaste la alfombra bajo el acelerador. No ofrece los controles manuales encontrados en otras transmisiones, limitando al conductor a Park, Reverse y Drive; por otra parte, esas son las selecciones que hacemos normalmente.
La suspensión está ajustada para el confort de marcha. Como resultado, el manejo no es tan vigoroso como el de algunos otros vehículos en esta clase, pero tampoco se siente tan aislado ni es tan elástico como en otros. No derrapa ni rechina sus llantas en protesta. Está controlada y es competente, sin ser rápida ni lenta, y no molestará a nadie con malas maneras como balancearse o zigzaguear. La MKX controla los baches del pavimento mejor que camionetas SUV amortiguadas más firmemente con llantas de perfil bajo.
Durante el invierno probamos una MKX 2008 con los rines de 20 pulgadas en las calles llenas de baches de Chicago, y encontramos que se mueve sobre los hoyos y surcos sin molestar a sus ocupantes.
El ruido del camino es suprimido, sin duda gracias a la ayuda de tener las ruedas en las esquinas y lejos de los pies y traseros de los ocupantes. El ruido del viento tampoco parece ser un problema.
La visibilidad es bastante buena a pesar de la adecuada integración de tres cabeceras traseras. En cuanto a los inconvenientes, algunos encontrarán que el poste central de las puertas bloquea su visión sobre el hombro. También, nosotros creemos que el limpiaparabrisas trasero podría limpiar más cristal.
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