A la primera razón de compra de un A5, su refinado diseño, se ha sumado la racionalidad con un motor diesel de acceso que da al atractivo coupé de Audi argumentos convincentes de compra que pueden convertir a este modelo en uno de los masivos del mercado.
Parte de la nueva argumentación de esta versión 'básica' del A5 es el precio de partida, situado en casi 39.000 euros, una cifra contenida por un Impuesto de Matriculación reducido del 4,75%, porque se está ante unas emisiones de sólo 134 gramos de CO2 por kilómetro.
El responsable de tan buenos datos en el motor de cuatro cilindros 2.0 de 170 caballos, dotado de la nueva tecnología de inyección directa por 'common rail' empleada ya de forma generalizada por el grupo Volkswagen tras demasiados años empecinado en utilizar la de bomba-inyector, también de inyección directa, pero más ruidosa y osca, aunque, eso sí, un poco más enérgica en los primeros segundos de aceleración.
Este 2.0 TDI encaja bien en el A5. Se muestra silencioso, apenas transmite vibraciones y ofrece sobradas prestaciones para rodar desahogadamente en cualquier tipo de recorrido.
Y si a esta combinación de diseño y racionalidad motriz se le añaden 4,63 metros de longitud, con cuatro plazas interiores reales y un maletero de 455 litros, se está ante una opción de compra con un alto grado de funcionalidad. El maletero admite ampliación con el plegado del respaldo de los asientos traseros, dividido en dos partes.
La presencia del A5 recuerda la primera presentación del Coupe de la mano del jefe de diseño del grupo Volkswagen, Walter da Silva. El diseñador puso mucho emoción en la explicación de las nuevas formas de este Audi, precursoras de una nueva evolución de estilo en la marca, hasta el punto de decir que era su mejor creación y el coupé más bello del mundo.
Exageración o no de su creador, lo cierto es que el A5 es un coupé especial que ejerce una fuerte atracción en todo aquel que lo contempla y en él se percibe, es visible, la mano del italiano, especialmente en la silueta, con dos líneas de carácter, superior e inferior, que marcan mucha distancia con el nuevo A4, con el que comparte un gran número de elementos.
El juego con estas dos líneas, que recuerdan a las que Walter da Silva puso en la familia Seat León conjugan una armonía en la que dominan una menor altura de la carrocería, que incrementa la anchura visual del coche, y una calandra de medidas generosas.
El frontal termina de ser definido por dos grupos de luces estilizados, realzados por una línea de luces LED que constituyen la iluminación de día. También son alargadas las luces traseras, rematadas por grupos ópticos estilizados,
El interior sigue fielmente el patrón estilístico de la mayoría de los modelos de la marca. No puede ocultar que es Audi. Al habitáculo se accede a través de una generosa entrada, que, a pesar de la dimensión, impone las dificultades comunes a los deportivos de poca altura -la línea del techo obliga a agacharse más de lo habitualy pasar a la zona trasera por una abertura angosta.
Instalado en la parte trasera, si no se mide más de 1,80 metros de estatura no se tienen dificultades de acomodo, pero más allá puede haber rozadura con el techo.
El clima es claramente deportivo y especialmente en esta versión de prueba, rematada con la terminación S Line, que mejoran el aspecto exterior e interior con detalles que aumentan el tono original del modelo.
El conductor del A5 es el que lleva la mejor parte. La posición al volante es confortable, en una butaca que sujeta bien las caderas y el tronco, con fácil acceso a los controles del coche, que han sido diseñados para que estén dentro de su radio de acción.
Desde el puesto de conducción, siempre más sonoro, es notable el elevado nivel de confort acústico. Apenas se percibe el ruido diesel y sólo llegan leves vibraciones al pedal del acelerador. Y esta característica se mantiene en la aceleración, salvo que el conductor exija todo para obtener esos imponentes poco más de ocho segundos en llegar a los 100 kilómetros por hora, desde cero.
Las sensaciones percibidas de este motor ya son conocidas a través de sus anteriores estrenos en modelos de las marcas del grupo Volkswagen.
El motor permite el uso cotidiano en medios urbanos y es excelente en carretera, con capacidad para recuperar, lo que hace a muy bajo régimen, y de llevar con mucha elasticidad y progresión a elevadas velocidades sin que muestre cansancio.
Lo mejor del A5 está en la combinación del bastidor y las suspensiones. Las sensaciones son de las mejores, de una calidad poco habitual en berlinas medias.
La calidad dinámica depende en gran medida de una dirección rápida y de la arquitectura multibrazo del tren delantero, un cóctel que lleva la ruedas delanteras con mucha obediencia al pico de las curvas con mucha claridad. El punto en el que el tren delantero tiende a desobedecer es muy elevado y es difícil encontrarlo.
El tren trasero sigue fielmente la línea marcada por el delantero y con gran agilidad, especialmente en este caso, porque gracias a la suspensión deportiva S Line se incrementa la agilidad del coche en los pasos por curva, especialmente en los giros lentos.
La unidad probada, con tracción delantera, se mostró muy consistente en sus evoluciones, si que, al menos sobre suelo seco, se eche en falta la tracción integral quattro, una posibilidad que incrementa el precio de esta versión en algo más 2.000 euros.
El conductor siente que las cuatro ruedas están muy unidas al asfalto y esta es una percepción que sólo unos pocos turismos del mercado son capaces de crear.
Estamos, pues, ante una opción de entrada en la gama A5 muy interesante por prestaciones dinámicas, las motrices y las de chasis, y en términos de economía, la de compra y la de uso, porque sólo son 5,3 litros de consumo de gasóleo cada cien kilómetros.