Kia Rio 1.2 CVVT x-Tech

El Kia Rio de cuarta generación lleva entre nosotros más de cuatro años (2011), y en el último Salón de Ginebra le tocó ponerse a punto para mantener su competitividad en el aguerrido segmento B de los utilitarios de cinco puertas en el que compite. Ahí, en España, se encuentra con una oposición muy seria, modelos respaldados por la popularidad de sus insignias y los datos de ventas: Seat con su Ibiza, Ford con su Fiesta, Opel con su Corsa, Volkswagen con su Polo, Renault con su Clio o Peugeot con su 208.

Ahora nos toca probarlo, y resumiendo mucho, mucho, creemos que es uno de los coches más honestos del mercado. Sin perder el tiempo en filigranas estéticas (el restyling tiene como principal protagonista la adaptación de la nueva parrilla tiger-nose, aparte del rediseño de paragolpes, llantas y faros antiniebla), el Rio es un turismo sobrio por fuera, afinado por dentro y con una dotación a bordo en la que no echas en falta nada en el día a día.

Afinado por dentro y con una dotación a bordo en la que no se echa en falta nada

El precio de la versión probada asciende a 11.587 euros, más la pintura metalizada color Grphite (350 euros) como único extra disponible en el acabado x-Tech, hace un total de 11.937 euros. Con los siete años de garantía de Kia, igualando motor y equipamiento, es complicado encontrar una tarifa tan baja en esta categoría. Por ejemplo su primo Hyundai i20 (que estrenó generación en 2015) con esta mecánica y una dotación similar tiene una factura de 15.000 euros.

Creemos que la carrocería de cinco puertas es recomendable respecto al Rio tres puertas. Su sobrecoste de 500 euros es un desembolso que merece la pena, ya que facilita el acceso y el uso regular de la fila trasera, una de las más espaciosas del segmento B. No tan brillante es el dato del maletero, 288 litros, que cuenta con el hándicap de un borde de carga algo elevado y un portón no demasiado grande que puede complicar algunas labores de carga.

Ya sentados en la parte delantera, el renovado Kia Rio gana muchos puntos. No me atrevería a decir que es de los mejores (el 208, el Polo o el nuevo Corsa han avanzado mucho con sus últimas generaciones), pero desde luego no está entre los más desfasados. La nueva pantalla de siete pulgadas táctil y con botonería auxiliar, con la climatización en la parte inferior de la consola central flotante, supone una reorganización que mejora la calidad percibida y ayuda a habituarse al Rio en pocos días: todo está muy a la mano y es muy legible.

Frente al conductor, las salidas de aire ahora cuentan con nuevas molduras cromadas, embellecedores que se repiten en el freno de mano, el pomo del cambio, el nuevo volante o en los mandos del equipo de sonido. Los tapizados de los asientos son nuevos, gozando los delanteros de un mejor agarre lateral. Algo blanditos al paso de los kilómetros.

Desde los acabados más básicos el Rio es un coche muy bien equipado, volante de doble ajuste con mandos, retrovisores exteriores eléctricos, agarradores de techo, radio con toma USB; en una versión más alta de gama como esta x-Tech, el Rio añade de serie, el cierre de puertas en marcha, el ajuste en altura del asiento del conductor, el programador de velocidad, el bluetooth, los cuatro elevalunas eléctricos, encendido automático de luces y limpias, llantas de aleación o el novedoso navegador asociado a la cámara trasera.

MOTOR GASOLINA ASOCIADO AL STOP AND START
Como en todo lo comentado hasta ahora, el motor de gasolina de nuestra unidad no engaña a nadie. Es una mecánica conservadora de cuatro cilindros y 1.2 litros que renuncia al turbo y a la inyección directa (elementos cada vez más generalizados). Sin embargo, tanto por agrado de utilización como por respuesta, el Rio 1.2 CVVT de 84 CV potencia (a 6.000 rpm) y 122 Nm de par (a 4.000 rpm) se mueve con agilidad en la ciudad y en las autovías adyacentes.

El motor atmosférico y de cuatro cilindros mueve al Rio con cierta holgura, aunque con las limitaciones propias de su cilindrada y potencia

La caja de cambios manual de cinco marchas tiene un tacto muy bueno y queda muy a la mano del conductor, haciendo muy confortable su uso habitual. Y es que tendremos que recurrir a ella para encarar pendientes pronunciadas o realizar una maniobra de adelantamiento rápida si no queremos perder la velocidad (hasta los 167 km/h de máxima) que llevamos. El acabado x-Tech es el único que dispone del sistema Stop and Start, que detiene el motor ante una inminente parada. Lo hace de manera suave y lo vuelve a poner en funcionamiento, si no muy rápido, sí muy silenciosamente. El consumo de nuestra semana a prueba no fue muy bajo, pero tampoco alarmantemente alto: 6,3 litros.

Por su parte, la asistencia de la dirección está muy agravada, circunstancia muy ventajosa para circular y maniobrar en ciudad y desfavorable fuera de ella en una conducción ágil por la falta de conexión con los neumáticos (195/55 R16). Una configuración dócil también tiene la suspensión, que de blanda que es se traga todo tipo de resaltos, baches o grietas del asfalto sin necesidad de frenar o aminar la marcha (aunque ojo con la vida que le quieres dar a esos amortiguadores).

La dirección, excesivamente artificial, tiene buen un manejo en ciudad, donde se combina con una suspensión muy confortable

Mientras, la estabilidad del conjunto en autovía es buena. Ayudado por sus 4,05 metros de longitud (dimensiones que hasta hace no mucho correspondían más a un compacto que a un utilitario) tenemos la sensación de conducir un coche más largo y ancho. En todo momento transmite una sensación de aplomo muy elevada y no muy frecuente en muchas de sus alternativas.

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