La quinta generación del Golf ha comenzado
su andadura comercial con titubeos, fundamentalmente porque su estética
es demasiado práctica y su precio inicial resulta elevado.
No obstante es un excelente coche hasta el punto de que es
difícil afirmar a rajatabla que no es el mejor de la categoría.
Los acabados están al mejor nivel y, para las tareas
que nos ocupan, se ha mostrado como el más dotado.
En las plazas delanteras todo son comodidades. A pesar de
que en la tabla la anchura de los asientos cuantitativamente sea
discreta, resultan muy cómodos porque sus flancos son planos
y blandos, sin que por ello (como frecuentemente sucede por desgracia)
penalicen en sujeción a la hora de conducir. No se reclinan
demasiado, pero sí lo suficiente para permitir retozar cómodamente
en muchas posturas. Especialmente agradable es hacer el amor en
el asiento del acompañante, con mucho espacio libre para
las piernas y excelente separación del asiento al salpicadero
que permite realizar un gran recorrido pélvico sin
chocar con nada.
Y si la altura del Golf desencanta visto
desde fuera, la cosa cambia al valorarla desde dentro: ¡una
persona de estatura media puede experimentar grandes sensaciones
con el cuerpo completamente erguido!
Si la acción se desata en el sofá
trasero habrá que adaptar las posturas a las posibilidades
que deja el espacio disponible. Hay bastante espacio para sentarse
uno encima del otro así como para juegos preliminares, porque
el espacio con los asientos delanteros retirados es bueno y la altura
al techo, como sucede con las plazas delanteras, es excelente.
Sin embargo se pierde comodidad si se intenta
aprovechar la anchura de la banqueta, porque además de estar
bastante inclinada hacia atrás haciendo que luches continuamente
por zafarte del respaldo, es la más estrecha. La espinilla
que queda en contacto con el suelo se lleva algunos golpes con el
túnel central y la abultada consola, que queda muy expuesta
al retirar los asientos.
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