Menos de lo esperado. Si el año
pasado Renault colocó al Twingo como el mejor utilitario
para hacer el amor, este año entre los compactos el Megane
no ha podido repetir el éxito. Es agradable y cómodo,
carece de elementos duros o que molesten en plena acción,
pero magnitud por magnitud sus medidas no dan la talla a
poco altos o corpulentos que sean sus ocupantes.
En el Megane se puede hacer el amor perfectamente, lo que
sucede es que algunas medidas de su interior están por debajo
de lo que ofrecen sus rivales. No obstante los aspectos difíciles
de cuantificar le son favorables, como el mullido de los asientos
y su facilidad para ceder por los lados y evitar molestias, o las
formas del sofá trasero, muy plano y aprovechable para gozar
sin obstáculos.
Sin embargo no "remata la faena"
por culpa de la escasa reclinación de los respaldos delanteros,
que tampoco son muy anchos, ni por la capacidad de estos para retirarse
hacia delante para aprovechar lo mejor posible las plazas traseras.
Tampoco destaca por las dimensiones de las plazas
traseras, a pesar de que como ya hemos comentado dentro de lo
que cabe gozan de formas rectas y aprovechables. Eso sí,
a la consola central con tapa almohadillada se le pueden encontrar
diversas aplicaciones...
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