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U D I A 3 |
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Lujo y placer. Refinado por fuera y por
dentro, el A3 es una especie de "Junior Suite"
entre tanta alcoba rodante más o menos agradable. Y lo mejor
de todo es que exteriormente disimula lo bien dotado que está
para este tipo de operaciones que nos ocupan. El interior del A3
es el más refinado y detallista, con muy buenos acabados
que sería una pena manchar con los zapatos o con cualquier
otra cosa pero, además, ofrece un espacio excepcional.
Los asientos son estrechos pero los pétalos laterales
no hacen daño si se descarga el peso del cuerpo sobre ellos,
y salvo esta pequeña pega el resto es muy bueno en las plazas
delanteras una vez franqueado el obstáculo de la abultada
consola central que separa las dos plazas, eso sí. Bastante
espacio para las piernas, suficiente altura para erguirse un poco
(aunque no admite acrobacias) y un tapizado que en nuestra unidad
tenía un tacto casi erótico ponen la guinda.
Detrás las cosas cambian. En el A3
se hace recomendable sacarle partido a las plazas delanteras porque
en la parte de atrás el butacón es corto, no muy ancho
y sin excesiva altura al techo. De todas formas tiene bastante espacio
retirando los asientos delanteros, pero entre ambos encontramos
una gran consola central que estropea el conjunto.
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