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Amor a bocajarro. El 147 es bonito por fuera, atractivo
y con muchos detalles, pero no convence en comparación con
sus rivales por posibilidades interiores. La primera unidad de que
dispusimos para hacer esta comparativa era un GTA que ya antes de
empezar provocó un problema importante, porque el probador
prefería conducir a hacer el amor. No es de extrañar,
tanto por los 250 caballos del aparato como por los impresionantes
asientos tipo bacquet, desde luego en absoluto pensados para lo
que pretendíamos de ellos. Esta fue la razón por la
que tuvimos que abusar de la paciencia de Alfa Romeo España
y solicitar otra unidad "convencional" para someterla
a las mediciones en igualdad de condiciones al resto de los contendientes.
De todas formas, ya que teníamos un GTA para la sesión
de fotos, aprovechamos para tomarle medidas y comprobar cuanto influyen
los asientos deportivos en la habitabilidad, y los resultados fueron
concluyentes. Si el 147 GTA hubiera tenido que medirse al resto,
su puesto hubiera sido sencillamente el último de la categoría,
y sin embargo una unidad más convencional consiguió
quedar en quinto puesto.
Aunque no sea de los mejores también tiene
sus virtudes, especialmente en la parte trasera. Delante
los huecos para las piernas son estrechos y lo mismo sucede con
el espacio para los hombros, bastante limitado por el guarnecido
de las puertas. A pesar de que las mediciones arrojan una relativa
buena habitabilidad, lo cierto es que las plazas delanteras no agradaron
mucho porque eran bastante agobiantes. Todo lo contrario
sucede detrás. El sofá no es muy ancho pero es el
mejor en longitud, por lo que recoge el cuerpo de una persona
y permite a otra apoyar una mano y una rodilla mejor que en otros
coches. Como contrapartida la altura disponible es un poco justa
y las plazas están muy marcadas.
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