Santa Pod Raceway: Los reyes de la aceleración

a fondo Santa Pod Raceway 1
Enrique Marco29 oct 2009
Es probable que muchos hayan oído hablar en alguna ocasión de las carreras de aceleración de Santa Pod, esa competición en la que dos vehículos tratan de recorrer en cuarto de milla (402 metros) en el menor tiempo posible.
Es probable que muchos hayan oído hablar en alguna ocasión de las carreras de aceleración de Santa Pod, esa competición en la que dos vehículos tratan de recorrer en cuarto de milla (402 metros) en el menor tiempo posible. Es cierto que en Autocity apenas habíamos informado de este tipo de eventos, y también es cierto que algunos los consideran unos espectáculos un tanto macarras; pero no debemos guiarnos por prejuicios y sí por los hechos. Uno de los hechos es que la propia Federación Internacional de Automovilismo convoca el European Drag Racing, por lo que esta disciplina merece tanto respecto como los rallys, las carreras de turismos o incluso la Fórmula Uno.
Aprovechando la reciente presentación del calendario 2010 del mítico Santa Pod Raceway, vamos a explicar algunos conceptos básicos de este tipo de competiciones. El origen de estas carreras es americano, cuando en la década de los 20 comenzaron a hacerse populares. En Europa la meca es Santa Pod, ubicado en el centro de Inglaterra, más o menos a mitad de camino entre Birmingham y Londres. Esta pista era una antigua base aérea americana que se utilizó para tal fin en la Segunda Guerra Mundial, y tras su abandono, desde 1966 pasó a emplearse para las carreras de coches y motos.
En la actualidad el complejo se encuentra lleno casi todos los fines de semana, pues existen miles de fans del motor que celebran ahí tanto carreras como espectáculos variados. Las pruebas de aceleración del cuarto de milla son el atractivo principal, pero, además, estas se combinan con concentraciones, saltos de motocross, espectáculos casi de circo como el de los Monster Trucks, etc. Vamos, toda una fiesta del motor para los entusiastas de la gasolina, las piruetas y la goma quemada.
Los famosos dragsters -vehículos preparados para acelerar lo máximo posible- son las estrellas de Santa Pod, y existen multitud de categorías en las que participar. Durante toda la trayectoria de las carreras de Santa Pod se han catalogado numerosas disciplinas, algunas de ellas ya desaparecidas. Las más espectaculares por concepto eran las de los Jet Car, unos aparatos con motor a reacción -como el de un avión- que llegaban a alcanzar los 540 km/h tras dejar atrás una impresionante estela de fuego.
Ahora los más rápidos son los bólidos englobados en la categoría Top Fuel Dragster, unos alargados monoplazas de pequesimas ruedas delanteras y enormes neum᭡ticos traseros, alerones y topes para que no haga caballito al salir catapultados. Con unas potencias que se acercan a los 3.000 cv gracias, en parte, a la utilización del carísimo nitrometano como combustible, los mejores aceleran de 0 a 100 km/h ¡en menos de un segundo! y recorren los 402 metros (el famoso cuarto de milla) en unos 5 segundos, pudiendo alcanzar velocidades que rondan los 480 km/h.
El resto de categorías tampoco tiene desperdicio, como la de los Fuel Funny Cars, los cuales cuentan con una carrocería de fibra de vidrio con la que imitan las siluetas de modelos de serie. Otros van alimentados por combustibles algo más habituales, e incluso hay categoría de coches de serie con gasolinas reglamentarias para la circulación. Por supuesto, las motos también gozan aquí de gran protagonismo, y se dividen en varias categorías. Al margen de su preparación, potencia y combustible, se celebran carreras para clásicos, para marcas concretas (por ejemplo, BMW o Volkswagen), para los entusiastas de los deportivos japoneses (las JapShow), etc.
En definitiva, que bien tenga un mayor componente de competición o bien de espectáculo, el verdadero entusiasta del mundo del motor debería ir al menos una vez en la vida al Santa Pod Raceway. Una vez más, con eventos de esta magnitud, se pone de manifiesto como la cultura automovilística británica es una de las más ricas, algo que también se demuestra con el multitudinario Festival de Goodwood.