Rover Streetwise 1.6: Safari urbano

Diego Zotes23 jun 2004
Basado en el Rover 25, el Streetwise aumenta la altura libre al suelo con una nueva geometría de suspensiones. De este modo, se pueden ubicar también los generosos neumáticos sobredimensionados que monta. Un modelo destinado a hacer las delicias del público joven más preocupado por la estampa original y el efluvio de robustez que de ella se desprende.
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SAFARI URBANO

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En el reciente Salón del Automóvil de Madrid (en el que precisamente Rover no participó), vimos algunas novedades que completarán en breve el mercado de los utilitarios SUV, en liza con el Rover Streetwise que aquí nos ocupa. El Citroën C3 XTR o el Volkswagen Polo Soho beben de la fuente que abrió nuestro protagonista de hoy. Basado en el Rover 25, el Streetwise aumenta la altura libre al suelo con una nueva geometría de suspensiones. De este modo, se pueden ubicar también los generosos neumáticos sobredimensionados que monta.

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  Además de los cambios en el bastidor, este Rover robustece su aspecto con la incorporación de nuevos parachoques y defensas laterales en color oscuro, al estilo de lo que inventaron Volvo con el CrossCountry o Audi con el Allroad. Unas barras portaequipajes de efecto meramente cosmético rematan la particular estética de este vehículo que, recordémoslo, es sólo un tracción delantera con un aspecto más recio. La moda de los SUB urbanos (permítanos el chiste fácil) ha de hacer las delicias sin duda del público joven más preocupado por la estampa original y el efluvio de robustez que de ella se desprende. Aunque sólo sea moda.
Ernest Viñals, Mundo Recambio y Taller
21 de Junio de 2004
Detalles

ALUMINIO Y FIBRAS

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Para representar el papel hi-tec que los británicos de Rover han querido darle al Streetwise, han difuminado detalles en aluminio en todo el vehículo. El diseño exterior, que resulta muy atractivo a la vista, destaca por la combinación de protectores de bajos delante y detrás en el color de la carrocería, combinados con embellecedores en los pasos de ruedas y generosas molduras y taloneras laterales. Este diseño se prolonga en el interior del vehículo, donde hay detalles en aluminio como los elevalunas (que, por cierto, siguen tan mal colocados junto al freno de mano como en el Rover 200) o la botonera central de la consola.
En el apartado de los acabados, el Streetwise desconcierta. Esta estética tan cuidada contrasta con el concierto de crujidos que los plásticos interiores interpretan a cada irregularidad del terreno. El tacto de los materiales no es malo en general, aunque en el salpicadero están escritos ya los muchos años que han transcurrido desde que se diseñó.
En cuanto al propulsor, el 1.6 gasolina aquí probado es el segundo escalón de la gama española recientemente introducido. Los 109 CV no permiten más que unas prestaciones discretas con un consumo poco favorecedor, a pesar de que el peso del vehículo no es exagerado. El comportamiento del Streetwise sigue siendo tan bueno como el de sus ancestros, con un tacto firme de suspensiones y un reparto de pesos muy equilibrado en curvas; es positivo que no se pierdan las buenas costumbres. No hay queja por el precio, que se mantiene realmente moderado, si bien es cierto que el nivel de equipamiento no pasa de correcto.