Renault Twizy: Un alivio para los padres

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Raúl Toledano24 jul 2013
Probamos unos de los vehículos más inimitables del mercado, el cuadriciclo de motorización eléctrica Renault Twizy, sin restricciones de circulación en nuestra versión "Twizy 80" y una perfecta alternativa por su mayor seguridad a los ciclomotores demandados por los más jóvenes, en otras palabras, todo un alivio para los padres.
El Renault Twizy no tiene la consideración de turismo. Es un cuadriciclo ligero con dos asientos, en configuración de tándem 1+1, que le asemejan a un scooter, y sin embargo tiene volante, pedales (freno y acelerador) y cuatro ruedas, dotándole de una estabilidad más próxima a la de un turismo microurbano. Renault lo vende en dos versiones: Twizy 45 (número que corresponde con su velocidad máxima con un PVP de 4.917 euros) que se puede conducir con la licencia de ciclomotores (a partir de 15 años) y Twizy, para el que se necesita el permiso A1 de motocicletas de hasta 125 cm3 (16 años) y cuesta 7.690 euros.
En Autocity probamos durante una semana esta última versión (Twizy a secas o Twizy 80 en referencia a su velocidad punta), con la que estamos habilitados para conducir tanto por núcleos urbanos como en carretera (aunque más de un Guardia Civil nos mira extrañado y está a punto de pararnos para saber que es ese huevito simpático con cuatro ruedas que conducimos). Aunque no nos llevemos a engaños, tanto su motorización eléctrica como su frágil carrocería nos invitan a movernos por el tráfico urbano, donde, al estar carrozado, su agilidad y seguridad se imponen claramente a la de un ciclomotor.Su motorización eléctrica y su figura semicarrozada nos invita a conducirlo, por seguridad y agilidad, por ciudad más que por carretera
El título de la prueba, El alivio los padres, hace referencia a la principal conclusión obtenida tras analizar pros y contras del Twizy 80: aunque veamos a más de un ejecutivo a sus mandos, Renault ha preparado una motocicleta (Twizy) y sobre todo un ciclomotor (Twizy 45) para los más jóvenes de la casa que al pedir su primer scooter se encuentran con el rotundo ‘no’ de sus padres. En un Twizy, sin embargo, tienen el plus de las cuatro ruedas, un airbag, una estructura carrozada que protege de golpes exteriores de otros vehículos y en el caso del conductor dos cinturones de seguridad, uno de ellos anclado al propio asiento para no salir despedidos en caso de impacto de seguridad.
a favor- Alterantiva a un scooter- Agilidad y maniobrabilidad- Autonomía apta para uso diarioen contra- Sequedad de suspensiones- Equipamientos casi inexistentes- Precio elevado en relación a turismos
Hasta aquí llegan los elementos de seguridad que le aproximan a un turismo. Porque elementos de seguridad activa como dirección asistida, ABS o ESP, generalizados hasta en los coches más básicos y pequeños del mercado, como un Toyota iQ o smart fortwo (en la presentación del modelo, fueron dos rivales citados por la propia marca), no se montan en el Renault Twizy. También le aleja de estos dos adversarios, el tamaño (el Twizy es claramente más pequeño: mide 2,30 metros de longitud, 1,20 m de ancho y 1,40 m de alto) y la ausencia de equipamientos de confort básicos: no tiene aire acondicionado ni calefacción.
Otro de los inconvenientes más importantes para renunciar a salir a carretera con él es la ausencia de puertas laterales: te sientes más frágil que el resto, sin duda. Renault oferta opcionalmente unas semipuertas  (590 euros) que se abren hacia arriba y hacia delante accionando un pequeño tirador interior al que se accede sin mayor problema desde fuera (metiendo la mano) por la ausencia de ventanilla. Sobre dicho tirador no hay que hacer fuerza porque el mecanismo utilizado por Renault impulsa hacia arriba las citadas puertas. En el último Salón de París, Renault presentó unas ventanillas plastificadas, trasparentes y desmontables (opcionales, claro) que se unían a las susodichas puertas laterales mediante un sencillo sistema de cremallera.

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A la ausencia de ventanillas uno se acostumbra con el paso de la semana de prueba, y en días de tiempo agradable (ni frío ni viento ni lluvia, pero tampoco un sol inclemente de verano) uno hasta lo disfruta en la ciudad: el Twizy con su motorcillo eléctrico de potencia inmediata (15 cv) deja atrás a cualquiera, callejea con desparpajo, su maniobrabilidad es insuperable y la única pega es la sequedad de las suspensiones: pasar un badén sin antes frenar es sinónimo de pedir cita urgente con el fisioterapeuta. Tampoco ayuda la ausencia de dirección asistida, con la que uno rememora tiempos pasados.Callejea con mucho desperpajo y su maniobrabilidad es incomparable a un turismo completamente cerrado
LAS COMPLICACIONES PARA EL ACOMPAÑANTE
En el interior, el conductor del Twizy si es mayor de 18 años podrá llevar un acompañante en el asiento trasero en configuración de tándem, aunque el invitado tendrá que saber a lo que se enfrenta: el espacio ahí detrás es muy justo (las piernas las tiene que pasar por los laterales que deja libre el asiento del conductor) el mullido de la plaza es finísimo (parece que vas clavado sobre el propio chasis) y el frío entra más directamente (más de un resfriado se puede agarrar).
Si nos situamos en la zona delantera, el puesto de conducción denota cierta deportividad por el diseño del propio asiento, que es regulable longitudinalmente, y con un volante en posición fija. Enfrente, el conductor del eléctrico Twizy se encontrará con un cuadro digital de interpretación sencilla y en color azul que además de la velocidad (84 km/h llegó a marcar) indica la autonomía restante de unas baterías (oficialmente, cifrada en 100 kilómetros) de iones de lito que se esconden bajo el asiento delantero y cuyo alquiler mensual está estimado en 50 euros.El conductor del Twizy se encontrará con un cuadro digital de interpretación sencilla y en color azul
El Twizy se recarga mediante una toma de corriente doméstica normal de 220 V en un tiempo total de tres horas y media. El enchufe está situado en el frontal, integrado perfectamente bajo el logo Renault. Está muy bien pensado: es rápido y sencillo tanto de desplegar como de recoger y no resta espacio a los pocos huecos que ofrece el Twizy: dos guanteras en el salpicadero –una de ellas con cerradura– y otro hueco detrás del respaldo del asiento trasero de 31 litros de capacidad.
En marcha, el Renault Twizy es un coche singular en el que se necesitan los cinco sentido y un tiempo de adaptación para conducirlo, sobre todo si no estás acostumbrado a ir en moto. Sus particularidades estructurales y dinámicas ya mencionadas, además de un pedal del freno muy duro, nos invita a conducirlo con suavidad y tranquilidad, dosificando sus salidas fulgurantes por el motor eléctrico que monta. Además, fuera de la ciudad, nos sentimos algo indefensos por sus pequeñas dimensiones y escaso peso: todos los vehículos te rebasan, generando mucho ruido a tu alrededor que se hace demasiado perceptible al no tener la carrocería completamente cerrada.Al salir a autovía, además de sentirte indefenso por su tamaño y peso, el gran problema del Twizy es su autonomía real