Renault Grand Scénic 2012: El monovolumen que no renuncia a nada

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David Ordás06 jul 2012
Nos subimos al nuevo Grand Scenic, el familiar de 7 plazas de Renault que combina las virtudes ruteras de una berlina con unas cotas de habitabilidad y confort propias de un gran monovolumen.
Desde que el 1984 el Renault Espace se convirtiera en el primer automóvil del tipo monovolumen en lanzarse a la conquista del mercado europeo, muchos y variados han sido los modelos que han competido con él en un segmento que cada vez atrae a más compradores. Con el Espace enmarcado en un segmento superior, el nuevo Renault Grand Scenic 2012, en esta su tercera generación que acaba de ser puesta al día, pone al alcance de la clase media la polivalencia, la elegancia y un dinamismo propio de los monovolúmenes de gama alta.
a favor- Suspensión cómoda- Amplitud y espacio aprovechable- Comportamientoen contra- Cambio mejorable- Tacto del freno- Dirección muy asistida
En el caso de la versión probada, dotada de cambio automático, motor diesel de 150 CV, 7 plazas y acabado Privilege, el Renault Grand Scenic alcanza altas cotas de refinamiento y se presenta como una alternativa no solo a sus rivales directos, el Citroen C4 Gran Picasso, el nuevo Opel Zafira Tourer o el Ford C-Max, sino a su hermano mayor, el propio Renault Espace.
Para comprobar hasta que punto el nuevo Grand Scenic es una elección correcta no solo para los pequeños viajes diarios, sino también para los largos viajes en familia, nos enfrentamos a un viaje de larga distancia a bordo del nuevo monovolumen de Renault, que gracias a su motor DCI 2.0 de 150 CV y a su cambio automático por convertidor de par, se convierte en un auténtico devora quilómetros.
Al subirnos al Grand Scenic, nos reciben unos asientos grandes y cómodos y una consola moderna donde la instrumentación digital ha sustituido todos los indicadores analógicos. Los revestimientos del habitáculo son buenos, con el cuero propio de la versión probada y con plásticos de buena apariencia y tacto que en conjunto aportan calidad a un interior donde el espacio son los auténticos protagonistas. Si algo busca el potencial comprador de un vehículo de este tipo, es el espacio, y de eso el Grand Scenic va sobrado. Tanto en las 2 plazas delanteras, que aportan una gran sensación de amplitud, como en las tres plazas traseras, más espaciosas que en la mayoría de sus rivales, y en el gran maletero (que en las versiones de 7 plazas como esta unidad de pruebas dan cabida a los 2 asientos que pueden quedar totalmente ocultos formando un fondo plano en el maletero), queda patente que el espacio ha sido una de las prioridades a la hora de diseñar el nuevo Scenic.

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Ya en marcha, la ausencia casi total de rumorosidad circulando con las ventanillas cerradas y un motor que empuja desde cualquier régimen son las primeras señas de identidad de un automóvil que a pesar de su altura y sus proporciones, sorprende por un rodar más propio de una berlina familiar que de un monovolumen. El cambio automático por convertidor de par no posee la rapidez y el funcionamiento de los nuevos sistemas de doble embrague, y se percibe cierto patinamiento sobre todo en las primeras marchas, pero la caja de 6 velocidades cumple a la perfección su cometido ligada a un motor con potencia y par suficientes.
Estamos ante un auténtico e incansable viajero que se desenvuelve como pez en el agua en autovías y vías rápidas, donde además su posición de conducción elevada nos aporta una excelente visión del trazado y del tráfico. La amortiguación, blanda en compresión, filtra perfectamente las irregularidades de la calzada, que gracias también a unos asientos mullidos, hacen que los viajes largos no hagan mella en el conductor ni en los ocupantes. En la prueba realizada en autovía, el consumo medio ha sido de 7,7 litros, algo superior a lo esperado, pero que no lo es tanto considerando que la prueba de larga distancia se llevo a cabo durante dos días muy calurosos en los que el aire acondicionado estuvo encendido constantemente.Se ha conseguido un buen equilibro con la amortiguación, que sin ser blanda en exceso, filtra perfectamente las irregularidades de la calzada
A pesar de su enfoque rutero, este Grand Scenic se mueve también con soltura en ciudad, pues sus 4,57 metros de largo no le hacen más aparatoso que una berlina media, si bien su dirección algo lenta le resta agilidad en los giros cerrados. Los extras incluidos en esta versión, como los sensores de aparcamiento y la cámara de visión trasera que se enciende automáticamente al insertar la marcha atrás, facilitan mucho la circulación y las maniobras de aparcamiento típicas. En cuanto a los consumos en ciudad, esta versión homologa 9 l/100 km en ciclo urbano, y lo cierto que resulta difícil, incluso con una conducción suave, conseguir cifras reales por debajo de esos 9 litros , si bien dentro de la gama Grand Scenic se ofrecen otras motorizaciones, como el DCI de 110CV (que puede ir ligado a una caja de cambios automática de tipo secuencial de doble embrague), que registran consumos notablemente más bajos sobre todo en ciudad.
En el apartado puramente dinámico, en general nos ha sorprendido gratamente el comportamiento de este monovolumen, que al contrario que ocurre con otros vehículos del segmento, no acusa en exceso su mayor altura con respecto a un turismo tipo berlina. Su aplomo y nobleza de reacciones transmite confianza, y aunque la elevada asistencia de la dirección puede no ser del agrado de todos los conductores, esto no le resta precisión de guiado en ninguna circunstancia. Aunque no nos ha convencido el tacto del pedal del freno, la capacidad de deceleración de este Renault Grand Scenic está fuera de toda duda, con unas de las mejores cifras de la categoría, y con un sistema de ayuda a la frenada de emergencia que combinado con el ABS se muestra realmente efectivo en situaciones de máxima exigencia al equipo de frenos. Hay que buscar verdaderamente los límites de este vehículo para que el ESP, también de serie, haga acto de presencia, y cuando lo hace, colabora eficazmente para mantener la trayectoria del vehículo sin interferir de manera apreciable en la conducción.

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Esta claro que no estamos ante un vehículo con pretensiones deportivas, ni mucho menos, pero hay que resaltar que Renault ha conseguido dotar de unas buenas cualidades dinámicas, equiparables a las de una berlina media, a este monovolumen. Por ello, aquellos conductores que vengan de un vehículo tipo turismo, no notaran, más allá de la percepción subjetiva que puede aportar el conducir más elevado y en una posición algo más erguida, diferencias apreciables de comportamiento al conducir este nuevo Grand Scenic.