Peugeot 406 2.2 HDi

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LA ALEGRÍA DE LA CASA

Por Angel Alonso
Madrid, 30 ene (EFE).- Sigue siendo el mismo, con su línea clásica y señorial, como si nunca pasara de moda, con su interior amplio y cómodo para las plazas delanteras, no tanto para las traseras, por esa escasa separación entre las hileras de asientos y por la excelente sensación de acabado.
Quizás el Peugeot 406 sea uno de los coches, globalmente hablando, más uniformes y regulares del mercado español. Lleva cinco años en el mercado con un comportamiento sumamente lineal, totalmente alejado de cualquier espectacularidad. Pero ese carácter empieza a llamarse a engaño.

Motor

MOTOR

La pimienta a su existencia la acaba de poner el nuevo motor diesel de inyección directa (HDI) de 2.2 litros y 136 CV de potencia, del que ya conoce sus excelencias el 607, la berlina de gama alta en la marca del león.
Este nuevo motor da alegría a una gama que empezaba a languidecer por esa uniformidad ya citada, por su tiempo en el mercado y por la competencia que le acecha en este segmento con la llegada de nuevos modelos de otras marcas que han echado el resto por reivindicar las berlinas familiares como opción todavía muy válida para una clientela que empezaba a buscar alternativas en las nuevas creaciones.

Sin embargo, la alegría tiene el contrapunto de un precio excesivamente alto (4.440.000 pesetas) que, a buen seguro, va a echar al traste muchas opciones de compra, y eso que, no se le puede negar, que en prestaciones puede compensar algún exceso tarifario y escasez de equipamiento, pese a que el sempiterno recurso a la madera quiera dar una imagen de lujo que en este caso no corresponde.

Comportamiento

COMPORTAMIENTO

Este motor confirma el silencio de marcha, tan de agradecer y con tanto sabor a conquista en el ciclo diesel, que ya se apreció en el 607 y que anula mucho decibelios respecto a los otros motores de 90 y 110 CV de la misma generación HDI.
Junto a ese silencio figura un comportamiento en ruta sencillamente impecable con respuestas rápidas a los requerimientos de palanca y acelerador. Sube desde lo más bajo del cuentavueltas con una progresividad y ausencia de vibraciones que llama la atención y se mantiene plenamente desahogado aún por encima de esa frontera de las 4.000 revoluciones que con tanta frecuencia es el tope para las motorizaciones diesel, incluso para las HDI de inferior caballaje.

El coche es de una rodadura sumamente agradable e incita a trayectos largos sin que se note el más mínimo cansancio para conductor y acompañante. El confort de marcha tiene un buen argumento en la comodidad de los asientos que recogen y protegen con corrección el tronco y en la accesibilidad a los distintos instrumentos.
La suspensión se antoja algo blanda, aunque la estabilidad del coche es otro de sus puntos fuertes como se ha repetido hasta la saciedad en cada prueba hecha a las distintas versiones de la gama y que aquí vuelve a insinuar esa percepción de que circula sobre raíles, incluso en los trayectos más virados y sinuosos.

Consumo

CONSUMO

El consumo está más que ajustado en circulaciones a bajo régimen, aunque este coche tiene una propensión a circular a los altos registros para los que está preparado más que de sobra y que, en su uso y abuso, llegan a penalizar ese gasto de combustible. En cualquier caso, los 8,5 litros que ha registrado durante la prueba es un buen registro.
En resumen, Peugeot se pertrecha con una opción diesel de primera magnitud ante la feroz competencia que en el segmento del 406 van a abrir de inmediato marcas de tanto crédito como Ford, Renault, Citroen y Volkswagen. A lo mejor, responder con un motor a lo que se viene encima, es poca respuesta, pero el 406 ha ganado carácter con este ingenio que transmite excelentes sensaciones, salvo en el precio.

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