Museo Mille Miglia: En honor a la mítica carrera italiana

a fondo Museo Mille Miglia 1
Enrique Marco09 jul 2009
Visitamos un museo dedicado a una carrera, en concreto a una carrera que fue la más prestigiosa de una época: la Mille Miglia.
Hoy día, todas las marcas con tradición tienen sus propios museos, en los que recogen una buena muestra de su historia. Del mismo modo, algunas ciudades europeas cuentan con importantes acontecimientos anuales dedicados al automovilismo, tanto del vehículo clásico como de competición. Pero esta vez vamos a centrarnos en un museo dedicado a una carrera, en concreto a una carrera que fue la más prestigiosa de una época: la Mille Miglia. Cualquier aficionado al automovilismo que viaje por el norte de Italia debería hacer escala en Brescia, una ciudad de Lombardía situada a mitad de camino entre Milán y Venecia. Ahí se encuentra el Museo Mille Miglia, ubicado en el interior del Monasterio de Santa Eufemia, un paraje extraordinario para una exposición de este tipo. Se trata de un museo “vivo” creado por varios apasionados del Automóvil Club de Brescia, quienes ceden sus vehículos al museo cuando no los utilizan para diversas salidas y actos dedicados a los coches clásicos, entre ellos, como no, la Mille Miglia Storica. Es por ello que, si visitamos el museo en distintas fechas, podamos encontrar unos u otros vehículos, aunque en cualquier caso la exposición es muy rica y valiosa.
Antes de pasar a explicar lo que se puede ver en el museo debemos hacer una breve introducción a la historia de la Mille Miglia. En los años anteriores a 1950 –fecha en la que se creó el Campeonato del Mundo de Fórmula Uno- la victoria en las Mille Miglia era una de las metas más preciadas por los fabricantes y por los mejores pilotos del mundo. La prueba se celebró por primera vez en 1927, y, con el paréntesis de la 2º Guerra Mundial, se disputó en 24 ocasiones hasta 1957, año trágico en el cual el español Alfonso de Portago (nuestro primer piloto de Fórmula Uno) estrelló su Ferrari y causó un accidente en el que murieron trece personas; lo que supuso el fin de la Mille Miglia.
El nombre de esta carrera hacía referencia a las mil millas (unos 1.600 km) que se recorrían en el trayecto Brescia-Roma-Brescia. Eran unos años en los que se corría con la carretera abierta al tráfico, y ya en anteriores ocasiones hubo algún que otro fatal accidente. Los mejores pilotos del panorama internacional disputaban la prueba italiana con el mayor apoyo de las marcas. Fangio, Von Trips, Collins o Fagioli lo intentaron, aunque se tuvieron que conformar con el segundo o tercer escalón del podio. Sí que llegaron a la cumbre de la Mille Miglia otros pilotos de la fama de Stirling Moss, Alberto Ascari, Rudolf Caracciola o Tazio Nuvolari; mientras que, por marcas, Alfa Romeo (11 victorias) y Ferrari (7 victorias) dominaron su palmarés. Hoy día -y desde 1977- la Mille Miglia se ha recuperado en “formato clásico” y con el sobrenombre de “Storica” es una de las pruebas más prestigiosas para vehículos históricos (fabricados hasta 1957); aunque ya no se trata de una competición de velocidad.
El museo Mille Miglia nos muestra muchos de los vehículos que participaron en esta carrera, tanto conocidos Ferrari, Alfa Romeo, Maserati, Lotus, BMW, Mercedes o Porsche; como otros menos famosos del tipo Siata, Bandini, OM o Stanguellini. Además, ropas de la época, viejos surtidores de gasolina, cartelería, decoración de los principales escenarios de la carrera, veteranos boxes, etc, completan una exposición muy bien conjugada. Asimismo, paneles informativos y vídeos contribuyen a situar al visitante en el mágico entorno de la Mille Miglia.
En nuestra visita, la primera sala nos sorprendía con bólidos del fabricante italiano OM, ya que fue la marca que venció en la primera edición de 1927. En la siguiente estancia, el Ferrari 500 Testa Rossa de 1956 (similar al 250 TR del 57 que recientemente se adjudicó en una subasta por 9 millones de euros) acaparaba todas las miradas, aunque sin ensombrecer la presencia de los Alfa Romeo 8C 2300 de 1932, Bugatti T37 de 1926, Riley 9HP de 1936 o BMW 328 de 1938 entre otros. Avanzando por las numerosas salas íbamos descubriendo tanto marcas minoritarias como bólidos de fama mundial. La mayoría de éstos participan actualmente en la Mille Miglia Storica y, por supuesto, se hallan en un perfecto estado de conservación, o, casi todos, muy bien restaurados.
También brilla con luz propia un espacio exclusivo para monoplazas de Alfa Romeo, ya que, aunque no se tratase de vehículos que participasen en la Mille Miglia, debemos recordar que Alfa es la marca que más veces triunfó en esta prueba y una de las de mayor historia en el automovilismo. En este espacio podemos observar bólidos de los años 30 y de los 80-90, estos últimos de la Fórmula Uno y de la Fórmula Indy respectivamente. Para finalizar, encontramos una zona de audiovisuales y una exposición fotográfica poco antes de llegar a la salida, en la que se encuentra una tienda de recuerdos. En definitiva, una interesante muestra que, a buen seguro, agradará a todos los aficionados tanto del automovilismo clásico como del de competición.