Mitsubishi Outlander 2.4 Mivec: Todocamino "turísmico"

Diego Zotes15 may 2005
Le respalda la experiencia en todoterrenos de la marca de los tres diamantes, que no es poca. Aporta estética moderna, un gran espacio interior y unas cualidades "fuera pista" discretas pero satisfactorias para el usuario medio de automóviles "todocamino". Lástima que no haya un diésel.
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TODOCAMINO "TURISMICO"

a fondo :: Mitsubishi Outlander 2.4 Mivec 1

Le respalda la experiencia en todoterrenos de la marca de los tres diamantes, que no es poca. Aporta estética moderna, un gran espacio interior y unas cualidades "fuera pista" discretas pero satisfactorias para el usuario medio de automóviles "todocamino". Lástima que no haya un diésel.
p>   Verdaderamente, parece que lo único que le falta al Mitsubishi Outlander para hacerse querer más en Europa sería beneficiarse de estar cerca (o de haber estado cerca) de DaimlerChrysler para obtener una buena planta motriz diésel como las que corren por todas las otras marcas del grupo (los sempiternos CDi 2.2 y 2.7 de Mercedes). Aunque si analizamos el mercado, el competidor más directo del Outlander, el Subaru Forester (modelo al que se propuso batir Mitsu al crear el vehículo que hoy probamos), nunca ha montado un motor de gasoil y sin embargo ha tenido una aceptación digamos que cálida para tratarse de un segmento muy delimitado y joven aún del mercado.
p>Pero si echamos la vista a los "hermanos mayores" del segmento de los todocamino, aquél que poblan Audi Allroad, Volvo XC70 y Alfa Romeo Crosswagon, el mix se decanta claramente hacia la mecánica Diesel, hasta el punto que este último no está disponible con propulsor de gasolina. La única excepción la marca el Subaru Outback, lo que nos viene a confirmar que en esta marca de General Motors creen más en la gasolina que en el gasoil. Quizás hasta que monten los Multijet de Fiat, como ya les pasa a Saab y a Suzuki.
p>Ernest Viñals (Mundo Recambio y Taller)
19 de Mayo de 2005
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Comportamiento

COMPORTAMIENTO

a fondo :: Mitsubishi Outlander 2.4 Mivec 2


Y es que el Outlander que hemos probado hoy nos trae por el camino de la amargura cada vez que tenemos que pasar por la gasolinera y pagar La Dolorosa, que es muy a menudo. Porque un motor 2.4 de gasolina con cambio automático Mivec de 4 relaciones (insólito pero cierto), 160 modestos caballos y tracción integral quiere muchos kilojulios para meter un coche de casi 1.600 kg en vereda. Es cierto que si le pisas, corre, pero ir siempre con el motor por encima de las 4.000 rpm es lesivo para los tímpanos y hace imposible mantener conversaciones tranquilas.
Habría sido mejor que hubieran sacado algún caballo más a ese 2.4 tranquilón para mejorar la relación peso/prestaciones/consumo. O complementariamente, haber montado un cambio más escalonado, con 5 ó 6 relaciones para permitir en modo secuencial un mejor aprovechamiento de la potencia del motor. Es incomprensible, además, que no monte una reductora o, sin que sea lo mismo, por lo menos un control electrónico de tracción para permitir un uso off road algo más allá de las pistas forestales.
Los puntos fuertes del Outlander son la habitabilidad (alta nota para las plazas traseras, de cómodo butacón y con mucho espacio para las piernas) y el generoso maletero (aprovechable y de piso alto, que permite cargar objetos pesados sin deslomarse). El precio de este Outlander no parece escandaloso, aunque no es sin duda un vehículo accesible por esos más de 31.000 €. Ojo a la versión Turbo de reciente lanzamiento y que introduce leves cambios estéticos al modelo.