Mini Roadster Cooper: Desmelene en pareja

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Raúl Toledano13 jun 2013
Autocity.com arranca la temporada de verano probando uno de los coches más lúdicos del mercado: un Mini descapotable, y no es el Mini Cabrio, estamos hablando de la sexta carrocería de nombre Roadster, un biplaza descapotable que en su versión gasolina más modesta Cooper de 122 cv permite el desmelene en pareja.
Ya lo tenemos en nuestro poder, es el Mini Roadster, la mejor manera de empezar el verano. Se trata de la sexta carrocería del fabricante de origen británico, perteneciente al Grupo BMW, y que desprende desde un primer momento una perfecta consonancia entre la imagen clásica de la marca y la apuesta lúdica de la carrocería en cuestión: sus tres volúmenes, bien marcados y escuetos, y techado por la tradicional capota textil de los descapotables de toda la vida.
El calor aprieta y es hora de desmelenarnos a cielo abierto. La unidad que nos cede Mini incorpora el accionamiento semiautomático de la capota, que supone un sobrecoste de 700 euros y la intervención parcial del propio conductor para desbloquear el tirador situado en la parte alta del parabrisas. Para los más puristas queda el quite y desquite manual, menos práctico pero más evocador. A nosotros –que dicho de paso, somos un poco más señoritos- este sistema nos permite completar la operación de cierre o apertura en seis segundos, y con la ventaja de poder realizarlo en movimiento hasta los 30 km/h de velocidad.
Completar la operación de cierre o apertura de la capota suponen seis segundos, pudiendo realizarlo a velocidades de hasta 30 km/h
Ya descapotados, y bajo el cobijo de una buena arboleda, nos ponemos a observar y toquetear todo lo que queda a nuestra vista. Más tarde, ya habrá tiempo de sacarle todo el jugo dinámico al Roadster. Está construido sobre la plataforma del Mini Cabrio, aunque por su figura exterior es un calco a su hermano “cerrado” el Mini Coupé. Los elementos más llamativos de la carrocería nos trasladan a los tres cuartos traseros del Roadster, ya que en el frontal, parrilla, faros y paragolpes, no distan ni un ápice del resto de modelos de la familia Mini. Visto desde la zaga, contemplamos los arcos de seguridad antivuelcos y, en nuestra unidad de prueba, otro extra como es el pequeño deflector (200 €), ubicado justamente detrás de los dos asientos, para proteger, por lo menos parcialmente, de las turbulencias generadas a mayores velocidades.
a favor- Exclusividad y diseño- Chasis y dirección- Sonido del motoren contra- Crujidos plásticos en habitáculo- Relación precio/equipamiento- Sequedad en uso urbano
El compendio estético/aerodinámico lo completa un alerón trasero móvil, situado en la parte final de la tapa de maletero, generando 40 kg de carga aerodinámica sobre el tren trasero. Emerge de forma automática a 80 km/h y se repliega al bajar de 60 km/h, irrumpiendo de manera manual con un botón si lo que queremos es presumir y no tanto beneficiarnos de sus bondades dinámicas.El alerón trasero se levanta automáticamente al superar los 80 km/h, aunque si lo quieres lucir puedes accionarlo manualmente
A nivel de habitabilidad es un biplaza, así que con eso queda dicho todo. Esto no es un coche para grandes trayectos, o por lo menos, para realizar grandes desplazamientos cómodos; es, como su propio nombre indica, un roadster, un coche lúdico, divertido y ágil donde hay pocas concesiones para lo racional. Mide 3,73 metros de longitud y apenas 1,39 metros de alto, con una escueta batalla de 2,47 metros que da cabida a un espacio interior perfecto si no eres Shaquille O'neal e incluso con un cofre de maletero de 240 litros (70 l más que el Mini Cabrio) que permanece invariable circulemos capotados o descapotados.
Cada vez estamos más cerca de arrancar el motor y ponernos en marcha. Sentados en el puesto de conducción, bajo, con unas butacas en cuero muy agradables para una conducción tranquila, y con una acentuada inclinación del parabrisas delantero, todo lo que nos rodea es Mini en estado puro, clásico y muy bien cuidado. En este biplaza inglés existe preocupación hasta por el más pequeño de los detalles (con la excepción de algún crujido más de lo deseable en el encaje de piezas cuando, posteriormente, circulamos a velocidades altas): está el gigantesco velocímetro central, el corazón de todas las operaciones, los botones cromados de corte minimalista de elevadísima exclusividad, y una luz ambiental interior de tonos cambiantes muy ‘chic’ (ésta, opcional, claro).El mayor defecto del Mini Roadster, los crujidos de plásticos en su interior por el mal encaje de piezas
VERSIÓN COOPER
El motor que esconde el Mini Roadster bajo su capó blanco grisáceo con doble franja negra longitudinal corresponde a la versión Cooper, esto es, un motor de gasolina atmosférico (con compresor) de 1.6 litros y 122 cv de potencia, el más básico de la gama, y que por respuesta acentúa el carácter lúdico del modelo. No es la mejor opción para buscar prestaciones puras (Roadster Cooper S o Roadster Cooper JCW), es demasiado progresivo, hasta las 4.000 rpm no da lo mejor de sí mismo, y hay que echar mano de manera continua del cambio manual de seis velocidades para hacerle despertar y minimizar la sensación de vacío (su par motor máximo es de 160 Nm a 4.250 rpm) al pisar el acelerador (su velocidad punta es de 200 km/h y acelera de  a 0 a 100 km/h en 9,2 segundos).Con la sobrealimentación de un compresor, pero sin turbo, los 122 cv se sienten a partir de las 4.000 rpm; por debajo, hay que anticiparse con el cambio para notar cierto empuje
El consumo que marca nuestro ordenador es de 7 l/100 km después de mezclar recorrido urbano con extraurbano a velocidades dentro del marco legal (Star/Stop de serie), disparándose por encima de los 8,5 l/100 km a poco que las caricias al acelerador se conviertan en collejas. Lo cierto es que en un coche de un enfoque comercial tan lúdico quizá no sea el dato más relevante o el que incline finalmente la decisión de compra en relación a otro modelo (el Mazda MX-5, a propulsión y con una versión roadster coupé de capota cerrada, es su principal adversario). Nos parece más relevante, por ejemplo, el sugerente y bonito sonido, bronco pero no molesto, que emite el motor a medida que la aguja del cuentarrevoluciones se aproxima regímenes medios-altos.
En marcha, el Mini Roadster es, simplemente, un dechado de virtudes para realizar una conducción viva. Es ágil, rapidísimo en los cambios de apoyo y con la sensación siempre presente de tener todo bajo control –a conductores con mucha experiencia les puede parecer un coche demasiado domesticable y que deja poco margen a las sensaciones por ser muy difícil de descolocar-. A esto contribuye una dirección directísima y de excelente guiado, con unos encajes del cambio manual siempre precisos y cortos, un centro de gravedad muy bajo, un chasis rígido y estable que evita inercias, y al plus aerodinámico para pegar más la carrocería al suelo.Es ágil, rapidísimo en los cambios de apoyo y con la sensación siempre presente de tener todo bajo control
Descapotado, ya por autovía, las turbulencias con el paravientos trasero montado, se dejan notar bastante a velocidades superiores a 120 km/h. Por debajo de esos límites, el viento es más agradable que molesto. Capotamos el Roadster de regreso a la redacción, y nos encontramos con un aislamiento más que aceptable para no ser un descapotable de techo rígido retráctil. Como buen roadster, los crujidos de la estructura están siempre presente. Esto no es extraño, un buen amante de los descapotables hasta lo prefiere; lo extraño, y más en un coche con un precio base de 24.300 euros, son los crujidos de algunos plásticos en puertas y salpicadero, como si estuviesen mal encajadas. Otros aspectos que juegan a la contra del Mini Roadster es que la dirección, antes alabada, se vuelve en nuestra contra, porque transmite al conductor cualquier irregularidad del asfalto. Lo mismo ocurre con las suspensiones, cuando esa firmeza a bajas velocidades es perjudicial para nuestras espaldas en ciudad, donde casi hay que detenerse para superar un resalto o zonas empedradas por la sequedad. No se puede tener todo en la vida, ¿no creéis?