Mercedes Clase GLK 220 CDI: Con carácter y eficiencia

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Raúl Toledano21 ago 2009
Mercedes cierra el círculo de su más pequeño todoterreno, el GLK, con este motor diésel de 170 CV para competir con el resto de marcas premium
Mercedes estaba falto de un SUV de motor diésel con una potencia contenida, para competir con el BMW X3 y el Audi Q5, las otras dos marcas premium alemanas que le habían tomado la delantera en el segmento. Con la llegada del GLK en el último trimestre de 2008 (dos motorizaciones de gasolina y una diésel de 224 caballos pero de un consumo bastante elevado), Mercedes tiene en el propulsor CDI de 170 CV que llegó a España esta pasada primavera- un coche eficiente, con personalidad propia y con unos materiales y acabados irrepochables.
Con un motor que únicamente se ha probado en el Clase C, el GLK 220 CDI con tracción permanente a las cuatro ruedas es un todoterreno compacto, ligero, de manejo suave y sencillo y suspensiones amables que, con unos trazos más rectos y lineales que su competencia, se mueve en precios muy similares a los de ésta. Se le puede reprochar pocas cosas, incluso de serie viene más equipado que el BMW X3 o el Audi Q5.
Otro de los rasgos del todocamino de la firma de Stuttgart es su excelente comportamiento fuera de carretera. Este Mercedes es el único de su segmento con cambio automático de siete velocidades. Se trata de un SUV certero y comprometido con la circulación por campo a través y caminos complicados, gracias a la tracción integral 4MATIC y la suspensión adaptiva AGILITY CONTROL, ambos elementos de serie en un precio final que se fija en 42.850 euros, 1.000 euros más caro que el X3 (41.700 euros), unos 1.000 más barato que el Q5 (43.980 euros) y muy similar en precio al XC60 de Volvo (42.736 euros) y al Land Rover Freelander más alto de gama.
Sin reductora ni bloqueos mecánicos de los diferenciales, el GLK 220 es el más compacto de todos sus rivales con un maletero con doble fondo de 450 litros, más pequeño que el de sus rivales, pero suficiente- y al mismo tiempo es el más apto para la conducción off road. Mercedes ha sabido con este GLK diésel corregir el terreno perdido con sus contrincantes y al mismo tiempo no perder un ápice del carácter y fortaleza de los todoterrenos mayores de la marca.
Inmaculado por dentro, recto por fuera
Hay que reconocer a Mercedes -concienciada como está desde hace tiempo en que en los próximos años se verá un cambio de tendencia generalizada en los diseños de los coches- el valor que ha tenido para diferenciar su pequeño SUV de los de la competencia. Sus líneas, de trazos más rectos y ángulos más marcados, le confieren a este modelo un mayor poderío y un carácter muy definido dentro del segmento. Su frontal es robusto y con unas rejillas de ventilación, aportándole cierta ferocidad, como una línea de cintura ascendente que se recoge en una zaga en la que concluyen también unas barras longitudinales en el techo que acentúan su personalidad off road.

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Por dentro nos subimos a un coche inmaculado. De acabado irreprochable, es complicado reprocharle algo al GLK. La calidad de los ajustes y los materiales y el equipamiento están a la altura de los que se puede esperar de un coche de gama alta y de última generación. Está todo lo imprescindible (Airbags frontales, laterales, de cabeza y de rodilla, control de estabilidad, radio MP3, toma auxiliar, llantas de aleación de 17, reposacabezas activos, bluetooth, automático de luces) y algunos lujos que se agradecen (climatizador bizona, faros antiniebla, navegador, retrovisores exteriores eléctricos, control de velocidad).
Para una marca premium no es poco, aunque como te metas en algún jaleo en algún extra- el precio se dispara. Sirva como botón, las opciones que la unidad probada incorporaba: paquete deportivo interior, 721 euros; paquete estético Todoterreno (faldones laterales, llantas de 19, una suspensión especial), 990 euros; alarma antirrobo, 435 euros; barras longitudinales en el techo, 286 euros; los faros bixenon inteligentes, 1.348 euros; techo panorámica, 1.540 euros; tapicería de cuero artíco, 432 euros.. así hasta un precio final, que, con impuestos incluidos, asciende a 54.879 euros.
Dejando el aspecto económico de lado, nos encontramos con un SUV en el que la posición de conducción es fantástica; ergonómica, recogida y con todos los mandos de funciones a nuestro alcance, pero con un pequeño fallo común en todos los Mercedes: a la izquierda del volante hay dos palancas, la que está por encima corresponde a la del programador de velocidad; la de abajo, la de los intermitentes, luces y limpiaparabrisas, obliga al conductor a desplazar en exceso la mano para accionarla y también puede llevar a la confusión por su proximidad con la otra palanca.
El resto de pasajeros, sin embargo, agradecerán los múltiples espacios para dejar objetos -hay dos posavasos profundos entre los asientos delanteros y un cajetín bajo el reposabrazos-, aunque las plazas traseras son más pequeñas de lo recomendable para tres adultos. Estas dimensiones contenidas también afectan al maletero, de 450 litros, 90 menos que el Audi Q5, 30 menos que el BMW X3 y 55 más que el Volkswagen Tiguan. En general, un SUV con alguna pega en su interior señorial y un aspecto exterior que se separa de las tendencias que se imponen actualmente en el mercado.
Dos de los aspectos más admirables del GLK 220 son el poco ruido que confiere y la suavidad de la mecánica. Es un diésel que para identificarlo como tal hay que poseer un oído muy limpio. El propulsor 2.2 CDI es silencioso, tanto en marcha como al ralentí. No existen vibraciones de ningún tipo y el habitáculo está perfectamente aislado del exterior. La eficiencia alemana de la que siempre ha hecho gala la marca de Stuttgart está muy presente en este modelo.

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El GLK 220 CDI gasta poco combustible, 7,7 litros/100 km de media sin salir fuera de carretera (menos que el Audi Q5 2.0 TDI de 170 CV y que el Volvo XC60 D5, eso sí, de 185 CV). En este apartado, únicamente el BMW X3 2.0d gasta aún menos. Es el único de todos estos modelos que equipa el cambio automático-secuencial, con levas al volante, de siete velocidades -conocido en Mercedes como G-Tronic-, posibilitando una mejora sensible en las prestaciones de un coche que pesa 1.845 kg, acelera de 0-100 km/h en 8,8 segundos y consigue 205 km/h de punta. Parámetros más que suficiente para su segmento.
Al volante lo que prima es la comodidad, gracias a la suspensión Agility Control que se adapta mecánicamente al terreno por el que rodemos, siendo más firme que no rígida o molesta- en carretera y más suave y flexible por campo, y con un comportamiento sobre asfalto se da por hecho que es sobresaliente- por caminos difícil de igualar por las otras marcas premium. Mercedes se ha calzado las botas de montaña y el chubasquero sin perder el señorío y la elegancia de siempre.
Aunque no tenga reductora ni bloqueos mecánicos de diferencial, es un coche que tracciona perfectamente gracias a su sistema electrónico 4Matic, dando la cara en terrenos complicados y empinados, aunque el comprador potencial de este coche no vaya a hacer florituras por esos lares. Nos encontramos, por lo tanto, ante un coche de cualidades sobresalientes en carretera, pero con hombría y temple cuando toca enfangarse por caminos abruptos.