Mercedes Clase B 200 CDI: Quién te ha visto y quién te ve

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Raúl Toledano18 abr 2013
Probamos una de las últimas criaturas de la ‘nueva Mercedes’, el Clase B, un monovolumen mediano que en su segunda generación adopta características de turismo compacto por sus nuevas dimensiones, comportamiento y por un diseño más juvenil, sin lastrar su espacio interior y con acabados y equipamientos insuperables en su segmento
Seguramente sea el monovolumen menos monovolumen del mercado. Hablamos de la segunda generación del Mercedes Clase B que en nuestro país se vende desde el último trimestre de 2011 con precios lista que oscilan entre 27.250 y 36.500 €. Un modelo que forma parte de la estrategia global de la marca de la estrella de rejuvenecer toda su gama y así bajar la edad media de su cliente potencial. Y en esos ambiciosos planes, para frenar el empuje de BMW y sobre todo de Audi, los vehículos de tamaño compacto y tracción delantera son la punta de lanza: Clase B (2011), Clase A (2012), CLA (2013) y el futuro todocamino GLA (no antes de 2014), todos derivados de la misma plataforma modular perteneciente al segmento C Premium.
a favor- Relación prestaciones/consumo- Calidad de rodadura- Acabados y equipamientos- Diseño más modernoen contra- Precio base y de extras- Anchura plazas traseras- Tendencia a subvirar
De los cuatro modelos mencionados, por concepto nuestro Clase B es el menos transgresor, y aun así deslumbra en un primer vistazo por sus nuevas proporciones. Sus dimensiones y su diseño no guardan relación alguna con el anterior Clase B. Con una longitud de 4,36 metros, este Mercedes ha crecido 9 cm en relación a su antecesor, además es más ancho (pasa de 1,77 a 1,80 metros) y lo más notorio es la rebaja de cinco centímetros en la altura (1,55 m), más acorde con la de turismos compactos que con la de monovolúmenes, dotando al conjunto de una imagen aplomada y dinámica (todavía sin ponernos en movimiento) inimaginable en el anterior Clase B.
Su aspecto exterior ha perdido esa forma abombada tan característica en el primer Clase B. Para empezar por una zona acristalada aminorada, siguiendo por una línea de techo tensada hacia una zaga que esculpe un discreto alerón, y culminando con elementos específicos que le otorgan una personalidad juvenil y moderna: una nueva parrilla, faros bixenón con LED para iluminación diurna, paragolpes deportivo con aperturas de refrigeración y luces antiniebla de LED, y detrás unos grupos ópticos más horizontales orientados hacia los laterales dentro de un portón de grandes dimensiones. Tanto se ha esculpido el nuevo Mercedes Clase B que el resultado es un coeficiente de resistencia aerodinámica (Cx) de 0,26, líder destacado de la categoría.Su altura rebajada, la zona acristalada de menor tamaño, y unas proporciones más deportivas, le asemejan más a un compacto que a un monvolumen
Con esta obsesión por cambiarle la cara y compactar su aspecto exterior, alguien puede pensar que su interior ha perdido capacidad; al contrario. Contra una distancia entre ejes de 2,77 metros (un centímetro menos que antes), la rebaja en la altura (así como la sensación de ir más agobiados por el menor tamaño de las ventanillas) y una anchura en las plazas traseras muy justa para tres ocupantes, Mercedes compensa con cuatro factores positivos: unas puertas grandes y con un gran ángulo de apertura, la colocación más baja de los asientos, una gran cantidad de huecos portaobjetos, y sobre todo una fila trasera modulable longitudinalmente en 14 centímetros, que bien ofrece mayor espacio para estirar las piernas (dejando el maletero de formas muy geométricas en 486 litros) o bien nos hace viajar detrás más apretados concediendo un cofre de 666 l, ampliables a 1.546 l con los respaldos traseros abatidos sin formar una superficie totalmente plana (más un doble fondo sin rueda de repuesto, sustituida por un compresor eléctrico).
Lo mejor de este plus de deportividad es que apenas afecta a la modularidad y espacio interior
Este diseño más deportivo del nuevo Clase B repercute positivamente en el puesto de conducción, donde llega una de las mayores las sorpresas (aunque ya la intuíamos) de la prueba: el Clase B se puede conducir desde una posición realmente baja, más típica de turismo que de monovolumen, algo que no ocurría antes. Los asientos, forrados en piel y con ajustes manuales, son de los que enamoran: es fácil encontrar una postura agradable, su mullido alivia el paso de los kilómetros, y las sujeciones laterales en banqueta y respaldo son efectivas pero sin agobios en un coche de enfoque moderadamente deportivo.

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Asimismo, el interior del nuevo Clase B está realmente cuidado: excelentes materiales e impecables ajustes; encontrar alguna tacha a sus terminaciones es complicado más allá de gustos o fobias personales. Con infinitas (y caras) posibilidades de configuración, nuestro Clase B 200 CDI incluía una moldura de madera que recorría todo el frontal, un detalle de nobleza desconocido en sus potenciales rivales, y que se suma a la sofisticación de las esferas de ventilación (tres en la parte alta de la consola central y dos en los laterales) inspiradas en el diseño de las hélices de un avión y la pantalla flotante (de dos tamaños, 14,7 ó 17,8 cm, según acabado) en la que se visualizan los diferentes parámetros del vehículo (Bluetooth, navegador, audio o asistentes a la conducción) y que se gestionan con un selector circular sobre el túnel de transmisión. De altura y diseño similares a la de un Audi A3, la pantalla del Clase B no es retráctil, quedando a la vista cuando dejamos el coche aparcado en la calle.
Los acabados interiores son intachables, coronados por las esferas de ventilación tipo hélice y la pantalla a color flotante sobre el salpicadero
Si por precio y por posicionamiento Premium (BMW y Audi todavía no están en este segmento) encontrar rival  a este Clase B resulta complicado (ahí pueden estar Ford C-Max, Citroën C4 Picasso o Volkswagen Touran), la tarea se torna casi en un imposible al comprobar los equipamiento de serie tan especiales que incluye (faros bixenón, el sistema de precolisión que llega a frenar completamente el coche a menos de 30 km/h, o el detector de fatiga), los múltiples equipamientos que se pueden añadir opcionalmente (control crucero adaptativo, alerta de cambio de carril involuntario, cambio automático de luces cortas/largas, detector de ángulo muerto o hasta un sistema de aparcamiento automático), o los paquetes de personalización interior que llegan a cambiar la tonalidad de la luz ambiental. Con todo este arsenal tecnológico a disposición del cliente os podréis imaginar que los precios lista (nuestro Clase B 200 CDI tiene un PVP de 30.900 €) son más orientativos que definitivos.
Con el adiós de los motores turbodiésel de dos litros en esta nueva generación del Clase B, toma la batuta en este Clase B 200 CDI un bloque de cuatro cilindros más pequeño de 1.8 litros, inyección directa por common rail y sobrealimentado por turbocompresor, incluyéndose de serie en toda la gama la tecnología BlueEFFICIENCY  que destaca por el rápido y efectivo sistema ECO de parada y arranque automático del motor: con él, nuestro consumo mixto real fue de 5,8 l/100 km (4,4 homologados). En esta ocasión, el 200 CDI equivale a una potencia máxima de 136 cv (a 3.600 rpm) y una entrega del par motor máximo de 300 Nm a muy bajo régimen (1.600 rpm) que le otorgan una respuesta casi inmediata al hundir el pie en el acelerador.
Asociado en esta prueba a un exquisito y perfectamente escalonado cambio manual de seis velocidades (también a hay una caja automática de doble embrague y siete relaciones), en pocas circunstancias hemos echado en falta potencia o necesidad de tirar mucho del pomo del cambio porque el régimen motor aprovechable es muy plano y constante. De hecho, ahí están sus prestaciones para corroborar el potencial mecánico de esta unidad: 210 km/h de velocidad punta y 9,5 segundos en la aceleración a de 0 a 100 km/h.El motor turbodiésel de 1.8 litros y 136 cv ofrece una respuesta inmediata desde muy bajo régimen, a lo que se suma su alto refinamiento y bajo consumo
En cuanto al comportamiento, suavidad y exquisitez son las dos primeras palabras que vienen a la cabeza tras una semana a prueba con este Mercedes Clase B. Su motor diésel apenas se deja sentir levemente al ralentí; de los neumáticos de serie 205/55 con llanta de 16” tampoco hay noticias; y el gran trabajo a nivel aerodinámico con una puesta a punto del chasis que incluye un eje trasero multibrazo le aíslan bastante bien de las irregularidades del asfalto y le dotan de una estabilidad de marcha elevadísima. Es un multiusos en el sentido más amplio de la palabra: sigue siendo fácil de maniobrar con él en ciudad, pero ha dado un salto en carretera abierta comportándose con más nobleza y con unas reacciones ágiles, más típica en compactos más bajitos, aunque con tendencia a subvirar cuando más se le exige. Aunque para los clientes más pasionales existe un paquete deportivo (por unos 1.300 euros) que rebaja en 20 mm la altura libre al suelo, incluye neumáticos más grandes 225/45 R17, discos de frenos perforados en las ruedas delanteras y una dirección más directa de dureza variable.

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