Lancia Delta 1.6 Multijet: Cuestión de feeling

a fondo :: Lancia Delta 1.6 Multijet 1
Raúl Toledano13 oct 2009
La marca italiana Lancia recupera, una década después, su emblemático Delta, que nada tiene que ver con las dos generaciones pasadas, con las que rompe categoricamente, sobresaliendo pues por un diseño vanguardista y práctico
La marca italiana Lancia recupera, una década después, su emblemático Delta, que nada tiene que ver con las dos generaciones pasadas, con las que rompe categoricamente, sobresaliendo pues por un diseño vanguardista y práctico, que, unido a una amplia gama de motores diésel y gasolina, le convierten en un compacto multifuncional y que puede arrastar mucha clientela procedente de familiares, berlinas o incluso monovolúmenes compactos debido a su gran espacio interior.
a favorDiseño vanguardistaConsumo contenidoHabitáculo amplio y bien acabadoen contraMecánica ruidosaDirección demasiado blandaMateriales que engañan
Y es que, después de estos diez años en blanco y del escaso impacto que tuvo la segunda y tecnológica generación del compacto transalpino, mucha gente relacionará el término Delta con el Mundial de Rallys o con el piloto finlandés Juha Kankkunen. O con caballos, gasolina y potencia. Pero no. Este Delta, con algunas lagunas mecánicas en su repertorio, es elegante, está cuidadosamente acabado, aporta estilo y es atrevido en sus formas. Su presentación es buena.
¿Por qué elegir el Delta? La habitabilidad, el confort de marcha, el puesto de conducción, incluso el comportamiento, son los puntos fuertes de esta unidad transalpina. Pero, por qué éste y no cualquier otro de los compactos que copan el mercado. Pues quizá sea la capacidad que Lancia ha tenido para distinguirse de sus contrincantes, el argumento de mayor peso para decantarse por el nuevo Delta, atrevido, con personalidad propia y capaz de medirse con cualquiera que se le ponga por delante. El pasado ha quedado en el olvido; Lancia mira con este Delta hacia delante.
Pero ojo, el capricho o adquisición (según se mire) del Delta no es una ganga. Sirva como ejemplo que competidores suyos en el segmento de los compactos, como el Ford Focus (con un motor 1.8 diésel de 115 CV), el Mazda 3 (1.6 CRTD de 109 CV), el Seat León (2.0 TDI de 140 CV), el Honda Civic (2.2 i-CTDi de 140 CV) o el Mitsubishi Lancer Sportback (2.0 DI-D de 140 CV) están por debajo de los 24.790 euros en los que está valorado este Lancia Delta Multijet DPF 120 CV con el acabado oro. Con un precio final algo desorbitado, más que nunca hay que acudir a las sensaciones, a lo que los modernos llaman feeling, para decantarse por el Delta.
Cuidado y mimo
Cuidado y mimo son las dos palabras que resumen las líneas de este Delta. Su frontal nos pone los ojos como platos, gracias a una portentosa rejilla cromada escoltada por unos grupos ópticos de última generación que llevan integrados una fila de diodos LED, lo que aporta un toque de distinción al compacto. La marcada cintura, la notable distancia entre ejes, unas llantas de serie de 16 pulgadas (opcionales, de 17), un techo descendente desde la parte cental hasta la luna posterior, originalmente curvada, y unos nuevos diodos de LED en las ópticas traseras, cierran el círculo de la nueva era Delta. Puede resultar exagerado, pero la gente se gira a su paso. Llama la atención.

a fondo :: Lancia Delta 1.6 Multijet 2

Nos encontramos ante un vehículo impactante, surgido de la batalla de las marcas por consolidarse en el segmento de los compactos. Nada que ver, por lo tanto, con los trazos más clásicos de sus rivales de las marcas premium. Sería un disparate afirmar que este Delta es soso. El habitáculo es otro de los puntos fuertes. La revisión que ha sufrido esta unidad italiana por dentro es colosal, al tiempo que arriesgada. El Delta es espacioso (4.52 metros de longitud) y con una presentación más que digna. Sin embargo, en esa ansiedad por desmarcarse de lo establecido no es oro todo lo que reluce, y, por ejemplo, el salpicadero y la consola central están rescatados del Fiat Bravo, y muchos de los materiales utilizados son de plástico simulando ser de metal, algo que con el paso del tiempo llega a decepcionar.
Con unos asientos tapizados que alegran la vista y unos protecciones en la parte inferior del coche ideales para pequeños toques por ciudad, el maletero (de 465 litros de capacidad) asoma como otro de los puntales del nuevo Delta: amplio, con una boca de carga más que admisible para el segmento en el que nos encontramos y con la posibilidad de hacerlo crecer sin la necesidad de abatir los asientos, gracias a un sistema por el que los asientos traseros se pueden adelantar.
Para el dinero que hay que desembolsar se echa en falta que elementos como el encendido automático de luces o el limpiaparabiras, también de funcionamiento automático, vengan de serie. Y más si en otros coches del grupo de menor categoría sí lo son. No ocurre igual con el equipamiento de seguridad, que sí que incluye de serie ABS, control de tracción, ESP y seis airbags.
Agilidad sonora
Después de este puñado de halagos, toca destripar al Delta en marcha. El propulsor diésel 1.6 Multijet el mismo que incorpora el Fiat Bravo-, que confiere hasta 120 CV de potencia, nos ha cautivado por su ahorro de combustible (6,1 l/100 km) y por su respuesta contenida (300 Nm a 1.500 vueltas para una aceleración de 0-100 km/h en 10,7 segundos). Con una caja de cambios manual de seis velocidades, el comportamiento global del nuevo Delta es bueno, suave y perfectamente adaptable a la conducción en carratera y en ciudad, gracias a una suspensión confortable y unos neumáticos de perfil bajo que fatigan menos a los amortiguadores.

a fondo :: Lancia Delta 1.6 Multijet 3

Sin embargo, no nos agradó en demasía una dirección chicle que no transmite las sensaciones reales en los giros, es lo que la firma italiana ha denominado Programa City: un sistema por el cual el volante se puede girar prácticamente con un dedo. Otra de sus taras es el excesivo ruido que se transifere al habitáculo por el roce de los neumáticos con el asfalto.
El puesto de conducción, con regulaciones en asientos y volante, está brillantamente conseguido lo que permite que personas de diferentes envergadura se puedan adaptar-, algo que no ocurre con el tacto del acelerador y el embrague. Hemos notado que el coche se cae, literalmente, de revoluciones por debajo de las 1.000 vueltas. Es cierto que es un denominador común en el mercado diésel, pero quizá sea demasiado acentuado en este Delta diésel de 120 CV, al que le cuesta dios y ayuda empujar en rampas empinadas y en terrenos complicados (charcos, barro).