Historia de Cooper y Mini: Un matrimonio muy deportivo

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Enrique Marco06 feb 2013
Antes de que Cooper se ligara exclusivamente a Mini, este fabricante británico revolucinó el concepto de los monoplazas de competición y obtuvo dos campeonatos del mundo de Formula Uno en 1959 y 1960. Ahora su nombre pervive en las versiones deportivas de los Mini.
A casi todos los aficionados al automóvil les suena el nombre Cooper, principalmente asociado las versiones deportivas de los actuales Mini fabricados por BMW. Pero no todos sabrán que la historia de Cooper se remonta a 1947 y que “el primer matrimonio Mini-Cooper” data de 1961. De la primera época de Cooper nos quedan dos títulos de Fórmula Uno logrados en 1959 y 1960, de la segunda época tres victorias en el Rally de Montecarlo (1964, 1965 y 1967), y en la actualidad una gran serie de versiones deportivas de los Mini de hoy.
John Cooper fundó junto a su padre la Cooper Car Company en 1947, con sede en Surrey (Inglaterra). Su principal característica es que en Cooper apostaban por el uso del motor trasero, y de hecho, en 1959, con Jack Brabham al volante, un monoplaza Cooper fue el primero de motor montado en posición trasera en lograr un Campeonato del Mundo de Fórmula Uno. El año siguiente repitieron, y desde entonces todos los fabricantes se sumaron a la moda de hacer monoplazas con el propulsor atrás. Sin duda, Cooper había marcado tendencia y su nombre ya merecía un lugar destacado en la historia del automóvil y de la competición. 
Por otra parte, en 1959, también en Inglaterra, Alec Issignois, construye las primeras unidades del Mini para la British Motor Corporation. Se trataba de un utilitario de tracción delantera y motor trasero con una carrocería de 3,05 metros que podía acomodar a cuatro personas. Gracias a su ligereza (600 kilos), el pequeño motor de 850 cc y 34 cv le era suficiente para alcanzar los 115 km/h. Otra particularidad de este coche era el reducido tamaño de sus llantas, de sólo 10 pulgadas.

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Dos años después, en 1961, gracias a la amistad personal que unía a los señores Issignois y Cooper, el construtor de F1 se dio cuenta del potencial de los Mini debido a su inteligente configuración, de modo que propuso el montaje de unas mecánicas algo más potentes que, combinadas con su ligereza, proporcionarían unas notables prestaciones. Así nació el primer Mini Cooper, inicialmente con un motor de 1.000 centímetros cúbicos y 63 cv de potencia, y posteriormente con diferentes evoluciones de cilindrada y caballaje hasta el famoso motor 1.275 cc con escalas de potencia que rondaban los 70 cv (y más las versiones preparadas para competición). A principios de los 70 se dejó de fabricar temporalmente el Mini Cooper, pero posteriormente se reanudó la producción y hubo una versión Cooper del Mini original hasta el año 2000 (en la era Rover), justo un año antes de que comenzasen las ventas del nuevo Mini de BMW, en el cual la versión Cooper nació ya con 115 cv.En 1961 se fraguó el proyecto de lanzar versiones deportivas y potenciadas desarrolladas por Cooper. El Mini Cooper fue una referencia en los años 60.
En la actualidad la gama Mini es muy amplia y tiene carrocerías tan originales como la Countryman, Coupe, Roadster o Paceman; además de las clásicas de tres puertas, Cabrio y Clubman. Todas estas variantes tienen alguna versión asociada al nombre de Cooper (tanto en gasolina como en diésel), de Cooper S (con motor turbo de 184 cv) y muchas de ellas también de John Cooper Works (la versión más radical con una potencia de 211 cv). De esta forma, el concepto original de John Cooper, aquel visionario de las carreras que, continúa en los Mini actuales 50 años después, coches nacidos para devorar curvas y con los cuales el conductor puede experimentar sensaciones muy deportivas, cercanas a las de un kart.       

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