El camino de Santiago: El camino francés

Diego Zotes23 jul 2004
Son varios los intinerarios reconocidos como Camino de Santiago, pero quizá el más famoso sea el denominado “Camino Francés”, ruta que a lo largo de 800 km recorre casi todo el norte peninsular de un extremo a otro. En nuestro caso, al viajar en coche, pudimos hacer los 800 km en dos días, y aunque lógicamente no podamos presumir del “espíritu del peregrino”, ya que el sacrificio fue mínimo, sí pudimos contemplar las innumerables obras de arte que a lo largo del recorrido nos encontramos, y llegar "gozosos" a la monumental plaza del Obradoiro, con su majestuosa Catedral.
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EL CAMINO DE SANTIAGO

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  La ruta tuvo como punto de partida la bella ciudad de San Sebastián, para rápidamente trasladarnos hasta Santo Domingo de la Calzada y unirnos allí al itinerario del conocido “Camino Francés”. Dejamos La Rioja y nos adentramos en la ciudad cuya Catedral presume de ser quizá la más bonita, Burgos. De allí a otra ciudad castellana repleta de arte y edificios de magnífico valor, León. En este punto comienzan verse cada vez más peregrinos, que bien a pie o bien en bicicleta recorren el Camino de Santiago. Astorga es uno de los lugares más encantadores de la ruta, y después, tras pasar por Ponferrada, entramos ya en tierras gallegas, zona donde los peregrinos más pendientes tienen que superar. Pasando por la localidad de Sarria enseguida llegamos a Lugo, una pequeña pero agradable ciudad que tiene en la conservada muralla romana su principal seña de identidad. Tras esta última parada, y por carreteras con numerosos desniveles, por fin alcanzamos nuestro destino final: Santiago de Compostela.

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El Camino de Santiago experimentó un resurgir a partir de los años 70 gracias a diversos factores, tales como el apoyo de las administraciones, las visitas del Papa a Santiago en los años 80 y el renovado esfuerzo de la Iglesia, el desarrollo de múltiples asociaciones y cofradías, y a la declaración de Santiago de Compostela como Patrimonio de la Humanidad. Los últimos datos cifran que en el año 2001 llegaron a Santiago más de sesenta mil peregrinos de un centenar de países, y en 2002 esta cifra se superó en torno a un 15 por ciento.
Astorga

ASTORGA

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Unión del “Camino Francés” y la llamada “Ruta de la Plata”, Astorga es una de las ciudades más bellas y acogedoras de cuantas descubrimos en el Camino de Santiago. Toda Astorga en sí es de gran belleza, pero sin duda su catedral y el palacio episcopal los las dos joyas de la ciudad de la Maragatería. La catedral se comenzó a finales del Siglo XV, y tardó nada menos que tres siglos en terminarse, por lo que presenta diversos estilos, que van del gótico alemán de los ábsides al barroco y plateresco de su fachada. Su retablo mayor es obra de Gaspar Becerra, que combina magistralmente escultura manierista con mariología. Tampoco tiene desperdicio ni su coro renacentista ni su claustro neoclásico.
Por su parte, el palacio episcopal, obra de Gaudí, y cuya construcción se inició en 1889, tiene un impresionante aspecto de castillo y a la vez de templo. Su estilo es neogótico y para su construcción se empleó el granito blanco.
Santiago de Compostela

SANTIAGO DE COMPOSTELA

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Santiago de Compostela es considerada hoy como una de las tres capitales espirituales de la cristiandad, junto con Roma y Jerusalén. Conformada en torno al sepulcro del Apóstol Santiago el Mayor, hoy es una ciudad monumental de impresionante belleza que se erige como uno de los conjuntos arquitectónicos más valiosos y armónicos del mundo. Se declara en 1940 Conjunto Histórico Artístico y Monumento Nacional, y después, en 1984, la UNESCO la nombra Patrimonio Cultural de la Humanidad.
El antiguo recinto urbano está rodeado por una muralla accesible mediante siete puertas. Por la Rúa de San Pedro se llega hasta una de ellas, la Puerta del Camino, la cual nos da acceso a la calle de las Casas Reales, que nos conduce a la Plaza de Cervantes. Tomando la Rúa de Azabachería se llega a la Plaza de la Inmaculada lugar donde podemos contemplar el espléndido convento de San Martín Pinario. Traspasamos el túnel del Palacio de Gelmírez y por fin se abre inmensa la famosa Plaza del Obradoiro. Allí la Catedral asombra por su belleza y dimensiones, un majestuoso templo que fue iniciado en 1075 y que se concluyó en 1128, obra promovida por el obispo Gelmírez y don Raimundo de Borgoña.
Las fachadas de la Catedral son preciosas, como las del Obradoiro, la de la Azabachería, y la de las Platerías. El Pórtico de la Gloria es considerado como una de las obras cumbre románicas, y está firmado por el maestro Mateo. En el interior, un edificio de tres naves y amplio crucero, la capilla mayor guarda el sepulcro del Apóstol Santiago, y en esa misma capilla se encuentra el famoso “Botafumeiro”.
El Apostol

EL APOSTOL

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Hijo de Zebedeo, Santiago fue pescador hasta ser llamado por Jesús para ser Apóstol. Se dice de él que fue el Apóstol que evangelizó la península Ibérica. Pero el rey de Judea, Herodes Agripa, para complacer a los judíos y dar un escarmiento a la comunidad cristiana lo escoge como figura representativa y condena a muerte por decapitación, convirtiéndose así Santiago en el primer mártir del colegio apostólico.
A Santiago se le llevó entonces a ser sepultado en tierras que evangelizó, concretamente en el extremo noroccidental de la península, por la actual zona de Santiago de Compostela. La historia narra como allá por el año 820 un ermitaño de nombre Pelayo observó durante varias noches seguidas unos resplandores misteriosos que se asemejaban a una lluvia de estrellas sobre un montículo. Pelayo, impresionado por las visiones, le comunicó el hallazgo al obispo diocesano Teodomiro. Éste contempló igualmente el fenómeno, y en el lugar exacto, rodeado de densa vegetación, se encontraría un sepulcro de piedra en el que reposaban tres cuerpos, identificados como Santiago el Mayor y sus discípulos Teodoro y Atanasio.
Este relato quedó pormenorizado en la Concordia de Antelares, de 1077, y desde entonces el sepulcro se convierte en peregrinación de todo el continente europeo. En el año 1878 el Papa León XIII confirma la autenticidad de los restos del Apóstol, haciendo renacer así el interés por el Camino de Santiago.