Chrysler Crossfire: A fondo con elegancia

Diego Zotes11 ago 2004
El Crossfire es una especie de Swarzenagger de metal, un genuino americano de apariencia que en realidad habla alemán. Toda la mecánica procede del antiguo SLK, lo que garantiza excelente funcionamiento pero no necesariamente la efectividad de otros competidores europeos y japoneses de similares características. Eso sí, en lo que a elegancia se refiere, está por encima de todos ellos.
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UN DEPORTIVO ELEGANTE

a fondo :: Chrysler Crossfire 1

El Crossfire es una especie de Schwarzenegger de metal, un genuino americano de apariencia que en realidad habla alemán. Toda la mecánica procede del antiguo SLK, lo que garantiza buen funcionamiento pero no necesariamente la efectividad de otros competidores europeos y japoneses de similares características.
No es el más eficaz ni mucho menos, pero su estética puede resultar definitiva si se busca un cupé biplaza que sea el imán para todas las miradas y además rebose elegancia. Es deportivo, pero al mismo tiempo sugiere lujo, algo que no consiguen sus rivales, y los cromados y profusión de nervaduras en la carrocería le otorgan un cierto aire clásico muy original y llamativo; incluso puede que incluso algo estrafalario.
  Mecánicamente tiene el corazón y el esqueleto de un Mercedes SLK de la primera generación, un concepto plenamente actual aunque de inferiores resultados en conducción deportiva que sus rivales de última hornada. Sin embargo en casi todos los terrenos es capaz de medirse a todos ellos sin complejos, cediendo sólo un poco entrando ya en matices muy puntuales.
Al mismo tiempo sus detalles marcan la diferencia, como el interior terminado en color plata, el llamativo alerón retráctil que se levanta a partir de 60 km/h o el precioso sonido que emana de sus escapes, uno de los mejores si no el mejor de cuantos le rodean.
Por último es una lástima que el precio sea incluso superior al de la versión Roadster, algo que comercialmente es cuando menos extraño y que no le favorece frente a casi ningún rival.
Carlos Lera, Autocity
11 de Agosto de 2004
Detalles

DETALLES

a fondo :: Chrysler Crossfire 2


Se dice que las comparaciones son odiosas, especialmente cuando se sale perdiendo, pero lo cierto es que si no se recurre a las referencias directas de sus competidores el Crossfire es un biplaza puro hecho para disfrutar, y a buena fe que cumple muy bien en este sentido.
Rebosa deportividad desde que se accede a su angosto interior, y la sensación de "batiscafo" se acrecienta por el gran volante, la pequeña luna delantera y la escasa visibilidad en todas las direcciones. No obstante el parabrisas tiene la ventaja de que protege muy bien del deslumbramiento solar, al no permitir ver mucho cielo.
La presentación es impecable, con un diseño realmente cuidado de todos los mandos interiores y un equipamiento muy completo. Los pedales están bien situados y el volante no me molestó por el gran diámetro del aro sino porque a pesar de ser regulable en altura incluso en la posición más alta quedaba un poco bajo, culpa más bien de unos asientos demasiado altos que evitaban una posición deportiva clásica respecto del pedalier.
La comentada posición de conducción, junto con una palanca de cambios incómoda de accionar por su forma, porque su acabado en metal pulido se escurre de la mano y por la molestia que supone la guantera central, no son detalles sin importancia ni mucho menos, pero son las únicas críticas que se puede hacer a su interior. He tenido ocasión de probarlo con cambio automático en la versión Roadster y la verdad es que mejora mucho la comodidad respecto del manual que equipaba el cupé al que me refiero en esta prueba, por lo que si las prestaciones absolutas no son lo primordial en la elección del coche puede merecer la pena optar por la trasmisión automática de origen Mercedes.
Motor

MOTOR

a fondo :: Chrysler Crossfire 3


El motor suena de maravilla y funciona a la perfección a bajo y medio régimen. Ni un síntoma de rudeza, ni una sola brusquedad, estropean la excelente estirada y respuesta a cualquier régimen. Arriba no estira mucho pero no es necesario llevarlo hasta la zona roja para tener un estupendo empuje. El embrague es un poco brusco, pero no duro, y por tanto más cómodo de accionar que en otros modelos más exigentes con el conductor.
Quizá podría ser más eficaz en carretera, aunque las suspensiones completamente independientes garantizan una notables estabilidad. Sin embargo, cuando se quita en control de estabilidad y se lleva el coche al límite, las reacciones procedentes del tren trasero son demasiado secas y agitan las costillas y el cuello. No se producen derrapadas suaves, sino bruscas pérdidas y recuperaciones de adherencia sin demasiada transición entre una cosa y otra.
Este detalle es una pena, porque por lo demás la adherencia del tren delantero es excelente y tiene mucha precisión. ¿Será culpa de unos neumáticos muy anchos? Quizá, pero también puede ser porque los amortiguadores traseros no ofrezcan la suficiente compresión para soportar la llegada de una potencia que parece mayor incluso de la anunciada en marchas cortas gracias al buen comportamiento del par motor.