BMW M5 2012: Biturbo de etiqueta

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David Ordás23 jul 2012
Al volante del BMW M5 sentimos que estamos no solo pilotando un magnífico deportivo de 560 CV, sino la sensación especial de encontrarnos a los mandos de un trocito de la historia viva de la automoción.
No en vano el M5 es el modelo más representativo de la saga BMW M, pues desde que fuera presentado al mundo en 1984 como la berlina de producción más rápida del mundo, se ha convertido en un auténtico icono de la automoción, y en el referente máximo en berlinas deportivas. El mito alcanza con esta su quinta generación, abandonando por primera vez los motores atmosféricos y acogiendo bajo su capó el poderoso V8 biturbo que ya montan sus primos, el X5 M y X6 M.
a favor- Comportamiento deportivo- Prestaciones- Cambio DKGen contra- Precio elevado- Consumos altos en conducción deportiva
Mientras me acomodo en el asiento del conductor de esta unidad de pruebas cedida por Autosa Oviedo, dos ideas me rondan la cabeza. La primera es si el nuevo motor biturbo tendrá el mismo gancho y deportividad que el anterior V10 S85 con el que podíamos alcanzar las 8.250 rpm. La otra es si las casi 2 toneladas en orden de marcha que pesa el nuevo M5 serán un problema para ratonear por la carretera de montaña de Asturias en la que vamos a dar inicio a la prueba.
Tras unos kilómetros de adaptación a los mandos, y una vez realizados los ajustes en la dirección, que configuro en el modo más deportivo, al igual que la suspensión, llega el momento de afrontar las primeras curvas cerradas con el nuevo ///M. Pisamos el acelerador casi a fondo, y tras una vertiginosa aceleración, los poderosos frenos y la capacidad de reducción del cambio DKG de doble embrague con mandos en el volante nos introducen con seguridad en las primeras curvas.
Es cierto, el motor no tiene el gancho ni el sonido del anterior V10, pero su empuje es aún mayor, y los 680 Nm de par máximo constantes entre 1.500 y 5.750 revoluciones enseguida nos hacen olvidar los placeres de la mecánica atmosférica para rendirnos ante la eficacia y potencia del biturbo. El empuje es brutal, y el cambio secuencial de siete velocidades es el complemento ideal para esta mecánica, siendo sin duda uno de los aspectos que más nos ha agradado del nuevo modelo.
No es difícil coger confianza al volante de este automóvil, pues tanto las curvas rápidas como las más cerradas se enlazan con increíble facilidad, y si no fuera porque nos hemos leído la ficha técnica antes de subirnos, no pensaríamos ni por asomo que el modelo pesa 1945 Kg. El eje delantero se inscribe con suma facilidad incluso en curvas cerradas, y unos controles de tracción y estabilidad perfectamente calibrados para no acabar de golpe con tanta diversión, hacen que sea un juego de niños ir rápido en un tipo de carretera en la que no esperábamos una agilidad así para este modelo. Es cierto, hablar de agilidad puede resultar exagerado, pues no es tan ratonero como un BMW Serie 1 M, ni tan equilibrado y deportivo como un M3, pero pocas berlinas deportivas hoy por hoy pueden siquiera atreverse a comparar su comportamiento con el de este auténtico supercoche.

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Con una sonrisa en nuestro rostro, abandonamos la carretera de montaña para dirigirnos por una carretera nacional hacia el tramo de autopista en el que continuaremos la prueba. Circular a velocidad legal con este coche en una carretera nacional requiere no perder de vista en el marcador, pues la sensación de velocidad tan baja que transmite, y su gran aplomo, pueden hacer que sobrepasemos los límites sin darnos cuenta. Al margen de esto, la gran reserva de potencia y par hacen de los adelantamientos una maniobra más segura que con ninguna otra berlina que hayamos probado, y el tacto de la dirección, del chasis y la respuesta del motor, incluso en el modo confort, nos sigue transmitiendo deportividad por los cuatro costados.El nuevo M5 transmite deportividad en cualquier modo de conducción y en cualquier carretera
Llega el momento de incorporarse a la autopista, sin duda uno de los elementos donde este ///M5 debería desenvolverse como pez en el agua. Aceleramos a fondo en la incorporación, sentimos el empuje del motor que nos pega contra el asiento, apuramos el cambio de marcha hasta superar las 7.000 revoluciones, metemos la siguiente marcha desde el volante y… ya tenemos que levantar el pié del acelerador para mantenernos en los límites legales. Esta claro que este coche puede dar lo mejor de si mismo en autopista, pero como no nos vayamos a una autovía alemana a probarlo, con el límite actual de 120 km/h en nuestro país, corremos el riesgo de perder todos nuestros puntos.
Pero incluso manteniendo el velocímetro dentro de los límites legales, la sensación de potencia, poder y seguridad del nuevo M5 en autopista es apreciable, como también lo es una suspensión quizás demasiado dura incluso en modo confort. Cierto es que automóviles producidos por la factoría BMW Motorsport, como este M5, aúnan como ninguno versatilidad y deportividad, pero no podemos olvidarnos que estamos a los mandos de un auténtico deportivo de 560 CV, y es comprensible que incluso en su modo más confortable, la suspensión tenga un cierto tacto deportivo.
Termina la prueba y con ella nuestra aventura a los mandos del nuevo M5, y no me puedo creer el tiempo que he pasado al volante. Las más de 2 horas de conducción, durante las que solo he realizado una pequeña parada para sacar unas fotos, me han parecido 15 minutos, y el nuevo V8 biturbo me ha acabado enamorando tanto o más que si los ingenieros de BMW hubieran optado por un V10 atmosférico. El funcionamiento del cambio DKG roza la perfección, el comportamiento es simplemente sobresaliente, y aparte de la pequeña merma de confort con respecto a un Serie 5, y un consumo que superó en un par de litros la cifra homologada, cuesta encontrarle defectos a este nuevo BMW M5.