Alfa Romeo 4C: Pura sangre italiano

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Diego Zotes01 jul 2014
El fabricante italiano vuelve a las andadas con el lanzamiento de un deportivo de raza, el Alfa 4C. Ninguna imagen hacía prever el comportamiento de superdeportivo que tiene, salvo su relación peso potencia de 240 cv para mover 920 kilos y su increíble sonido ensordecedor.
Hemos tenido la oportunidad de ponernos al volante de un coche tan espectacular como inesperado, el nuevo Alfa Romeo 4C, un pequeño deportivo biplaza con propulsión trasera movido por un motor de cuatro cilindros de 1.750 cc ubicado en posición central que gracias al empleo de turbocompresor entrega 240 cv de potencia y un par motor de 350 Nm entre 2.100 y 4.000 vueltas. Viendo estos datos, ya nos podemos imaginar un coche bastante deportivo de reacciones por el pequeño tamaño que tiene, pero dado el conservadurismo actual incluso para los coches potentes, no es de esperar de lo que se trata en realidad, un pura sangre italiano que más parece un Ferrari que cualquier referencia de Alfa Romeo.

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Antes de esta toma de contacto, he de confesar, suponía que se trataba de un deportivo más de los que hay muchos con este aspecto y esa potencia, pero tras ella puedo decir que me ha sorprendido gratamente descubrir que Alfa Romeo cuenta con un nuevo deportivo auténtico, capaz de disparar nuestra adrenalina hasta límites máximos. Ha creado una máquina de circuitos…
Su sonido es excitante y espectacular, de esos que todo el mundo se vuelve para mirar de qué se trata, con eso os podéis imaginar el sonido bronco que emanan de sus escapes. Además dada la posición del motor justo detrás del habitáculo el sonido que se filtra al interior es toda una sensación. Nada más arrancarlo nos invade una sensación de euforia que sólo se da cuando conduces deportivos muy especiales. Y eso es lo que ha hecho Alfa Romeo con este pequeño biplaza en el que la obsesión máxima ha sido combinar una buena potencia entregada por su motor 1.75 turbo y un conjunto de chasis y bastidor muy ligero que homologa un peso en vacío de 920 kilos, con lo que la relación peso/potencia de este 4C es similar a la de superdeportivos de élite.

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Impresionante resultado
Esto le permite entregar unas prestaciones que nos quitan el hipo, con una aceleración hasta los 100 km/h desde parado en 4,5 segundos y una velocidad máxima de 258 km/h, curiosamente cumpliendo la restrictiva normativa de emisiones Euro 6. Esto se consigue gracias al sistema de control del chasis DNA con matices específicos y función Launch Control, al que se le añade un nuevo Modo Race, que desconecta todos los controles y permite hacer una conducción absolutamente directa entre coche y piloto. Este modo se suma a los conocidos All Weather, Normal y Dynamic. Además estos modos afectan notablemente a la inmediatez del cambio automático de doble embrague TCT de 6 relaciones de cárter seco, al que está asociado indefectiblemente.El bastidor combina la fibra de carbono y el aluminio delante y detrás, así como la carrocería esta realizada en fibra de vidrio
Pero la clave de este impresionante coche con aspiración de ser democrático, no de un número unidades limitadas como su hermano mayor 8C Competizione, es su chasis y bastidor de estructura modular, que combina la fibra de carbono para el espacio del habitáculo con el aluminio para la zona delantera y trasera, logrando aligerar al máximo el conjunto. Sobre esta estructura se coloca una carrocería también extremadamente ligera y rígida casi en su totalidad en fibra de vidrio, a los que se unen paragolpes delantero y trasero y aletas delanteras fabricadas en poliuretano rígido pero más flexible. La calidad de fabricación es máxima puesto que se fabrica en la factoría de Maserati en Módena.

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Todos los elementos visuales de este coche, a parte de un diseño exquisito como sólo los italianos saben conseguir, tienen una función dinámica o mecánica fundamental, como demuestran las entradas de aire en los laterales de las aletas traseras, que además de ensanchar el aspecto del coche, tienen una importante función mecánica albergando el intercooler en una de ellas y una entrada directa de aire hacia el turbo para refrigerarlo en la otra.Las claves de su comportamiento radical las encontramos en su gran ligereza, en su suspensión de doble triángulo y en su dirección directa sin servoasistencia
Comportamiento
Conociendo la rigidez y ligereza de su chasis queda por analizar sobre qué tipo de suspensión se sustenta esta carrocería, y como no puede ser de otra manera para un deportivo de talla lo hace sobre una refinada suspensión de doble triángulo en el eje delantero y sobre un multibrazo de estilo McPherson el trasero que permite regular convergencias y caídas de rueda. La dirección es sumamente directa, igual que la de un kart, sin ningún tipo de servoasistencia lo cual le otorga unas reacciones inmediatas con lo bueno y lo malo que esto conlleva, es inmediata ante cualquier movimiento del conductor pero se deja sentir cada línea del asfalto y nos obliga a mantener el volante siempre bien sujeto, porque se mueve...
Pero si la aceleración nos deja pegados al asiento, ya se encarga de despegarnos y poner al límite nuestra fuerzas G el sistema de frenos, de origen Brembo para los discos y pinzas delanteras. Ambos son autoventilados, los delanteros separados del buje y con pinzas de cuatro pistones, de 305 mm delante y 292 detrás.

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En definitiva, un coche deportivo con una radicalidad que no esperábamos y una capacidad para regalar sensaciones reservadas exclusivamente a los superdeportivos de élite de unos 100.000 euros. Ahh, perdón, que este Alfa Romeo 4C se puede adquirir por “sólo” 60.000 euros... ¡No digo más! Yo reservo uno, ¿y tu?