Al volante del Tata Aria: Monovolumen multiusos de siete plazas

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Raúl Toledano05 oct 2012
La firma india Tata añade un tercer modelo a su gama en España, el Aria, con arquitectura de todoterreno y posibilidad de tracción 4x4, pero con una carrocería de monovolumen (4,78 metros) con capacidad para siete ocupantes y una relación precio/equipamiento sin parangón en el mercado.
El nuevo Tata Aria es un todocamino con silueta de monovolumen. O así lo define la marca india, que, tras las recientes actualizaciones del Vista y Xenon, se estrena este mes de octubre en este segmento de crossover familiares de siete plazas con unos parámetros evolucionados de calidad y con unos precios muy contenidos, convirtiendo a su Tata Aria en un turismo de difícil comparación: 4,78 metros de longitud, disponible con un motor turbodiésel de 150 cv, tracción trasera o total, una reseñable modularidad interior y un equipamiento adaptado y actualizado a los tiempos que corren, incluidas las dos plazas en la tercera fila de asientos.
Sus grandes dimensiones exteriores (1,90 m de anchura) repercuten en un interior espacioso, con una importante dosis de modularidad (asientos traseros escamoteables, fila central asimétrica 40/60 con desplazamiento longitudinal y regulación del respaldo) y con la posibilidad de disponer de una superficie plana de carga (hasta el techo) de 1.777 litros. Los imponentes butacones en la primera y segunda fila de asientos (sólidos y muy confortables) impiden, sin embargo, hablar de una tercera hilera de asientos aprovechable para dos adultos, pudiendo destinarse a un uso cotidiano para niños. En tal caso, el maletero se reduce a 214 litros (en la configuración estándar de 5 plazas, son 587 litros).La modularidad interior es uno de sus puntos fuertes, optando por sus 1.777 litros de capacidad de carga o la configuración de las mencionadas siete plazas
Por lo demás se puede hablar de un interior con mejores aplicaciones y materiales que en las anteriores generaciones del pequeño Vista y del pick up Xenón. Los acabados y ajustes siguen dejando a Tata un paso por detrás de los estándares europeos de calidad (muy elevados, por otro lado), con vibraciones generalizadas a velocidades razonables y sostenidas, y filtraciones de ruidos aerodinámicos y mecánicos (la insonorización del habitáculo es otro apartado a mejorar). Aun así se aprecian mullidos más blandos en puertas y salpicadero, remates cromados, una botonería funcional y bien organizada, un buen puñado de huecos y cajoneras para dejar objetos, y lo más importante, la confortable y elevada posición de conducción (con mandos al volante y un enorme apoyabrazos) que permite un gran dominio del entorno.
DESDE 19.975 EUROS
El esfuerzo de Tata para posicionarse en el segmento de los crossover grandes se ha redobaldo en el apartado de equipamiento. La gama se organiza con dos niveles de acabado: la versión sencilla corresponde al Tata Aria 4x2 que incluye ABS, ESP, seis airbags, radio CD, conexión USB, control de velocidad crucero o elevalunas eléctricos por 19.975 euros; la versión superior es el Tata Aria con tracción integral 4x4 desconectable, que además añade, navegador, bluetooth, sensores de luces y lluvia, climatizador, retrovisores exteriores con plegado eléctrico y cámara de visión trasera, todo por 23.690 €. La pintura metalizada, por 370 €, es el único equipamiento opcional en ambas versiones.La gama Tata Aria se organiza entorno a dos niveles de acabado que corresponde cada a la tracción simple 4x2 o integral 4x4
Por fuera, el diseño del Tata Aria nos evoca a su hermano pequeño el Vista, sobre todo en un frontal con unos faros muy rasgados y montados sobre las aletas delanteras, así como una característica parrilla formada por tres láminas cromadas. Su "arquitectura" crossover se ve acentuada por unos aletines de plástico (en el color de la carrocería) sobre los pasos de ruedas, contrastando con una línea de techo más redondeada que nos traslada a unas formas más típicas entre los monovolúmenes, característica ésta que se ha querido simular con la inclinación de la luneta trasera para dotar a la zaga de una mayor robustez. Aunque en el juicio final, la realidad es evidente: este Tata Aria tiene más “chapa” o carrocería que altura libre hasta el suelo, por lo que su fisionomía es más la de un monovolumen con aspecto de SUV, al estilo Fiat Freemont o Chevrolet Orlando, que la de un crossover con espacio interior extra, al estilo Nissan Qashqai +2.Su altura libre hasta el suelo es incompatible con una conducción por terrenos abruptos fuera de asfalto
El motor que propulsa al Aria es idéntico al del Tata Xenón: un bloque motor turbodiésel 2.2 DICOR de cuatro cilindros en línea y 150 cv con inyección directa common rail, que ofrece una respuesta aceptable a bajo régimen con sus 320 Nm entre 1.500 y 3.500 rpm, para acelerar de 0 a 100 km/h en 13,7 segundos, logrando una velocidad punta de 170 km/h y homologando un consumo mixto de 7,2 l/100 km.
En las versiones 4x2, el Tata Aria transmite la potencia a través de una caja manual de cinco velocidades a las ruedas traseras. En los 4x4, también con el mismo cambio manual (no hay opción de una caja automática), el Tata Aria reparte la potencia a través de un embrague electromagnético (TOD) entre los dos ejes, un 8% delante en condiciones normales, y en caso necesario puede llegar a ser de hasta 40% delante y 60% detrás. La conexión a modo 4x4 o desconexión a 4x2 se realiza a través de un botón en la consola central siempre que se circule a velocidades inferiores a 80 km/h.A pesar de su chasis de largueros y travesaños, nos encontramos con un Tata Aria muy cómodo y que filtra muy bien las irregularidades
EN MARCHA
Consumos y prestaciones quedan claramente lastrados por el peso del coche (dos toneladas) y por la aerodinámica de la carrocería. Su estructura de todoterreno con chasis de largueros y travesaños (paralelogramo deformable con doble triángulo delante y eje rígido con cinco anclajes detrás) es sorprendentemente confortable y filtra muy bien las irregularidades de carreteras con asfalto quebrado. Sin embargo, la carrocería no se sujeta tan bien, y las inercias laterales son muy evidentes en el trazado de curvas, obligando a aminorar en exceso la velocidad. También resta confianza en la conducción, una dirección de cremallera con asistencia hidráulica que transmite muy poca información o un pedal del freno que empieza a ser efectivo en la última parte de su recorrido. Por último, el motor a velocidades sostenidas no es excesivamente ruidoso, pero sí que es molesto el “silbido” del turbo cada vez que aceleramos a fondo.

*Tata ofrece tres años de garantía o hasta 100.000 km y unas condiciones de financiación de hasta 10 años sin necesidad de abonar una entrada inicial

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