General Motors saldrá de la quiebra sin deudas pero cargada de dudas
Fuente: EFE
General Motors, que ha resuelto su futuro
inmediato incierto con la salida del Capitulo 11 -que en la
legislación estadounidense solventa las quiebras dando una segunda
oportunidad a las empresas-, tiene por delante un panorama a medio y
largo plazo cargado de dudas.
Superada esta primera fase, abierta el pasado 1 de junio con la
declaración de quiebra y desde entonces en manos del juez del
Tribunal de Quiebras Robert Gerber, la "Nueva GM" o General Motors
Company (GMC) queda bajo el control de cuatro grupos de acciones.
Por un lado los gobiernos de Estados Unidos, en posesión del
60,8% del capital, y de Canadá, con un 11,8%, mientras el resto se
reparte entre el sindicato Union Auto Workers, con un 17,5%, y los
acreedores de la extinta GM, con el 10% restante.
Estos dos grupos, sindicato y acreedores, pueden incrementar su
peso al 20% en el primer caso y hasta el 25% en el segundo.
Este reparto, la fuerte inyección financiera que se calcula en
60.000 millones de dólares repartidos entre las autoridades
estadounidenses y canadienses, y la venta de los activos rentables
de la antigua sociedad a la nueva, configurarán una nueva
automovilística.
El primer reto de GMC es una drástica reorganización con el
cierre de once fábricas, más otras tres de forma temporal; la
reducción de los 6.000 concesionarios actuales a unos 3.500; el
recorte, ya iniciado, de cerca de 50.000 trabajadores de los 250.000
que tiene repartidos por todo el mundo, y la venta de la mayor parte
de sus marcas.
Los expertos, tras esta reinvención de General Motors, conceden
especial importancia a la nueva estructura de marcas de GMC, ya que
de ello depende que el comprador recupere parte de la confianza en
los automóviles del grupo.
La "Nueva GM" reanudará la actividad con operaciones de venta
finalizadas o en marcha de Opel, con la que no romperá lazos
totalmente, Saab, Hummer, Saturn y Pontiac, para quedarse con
Chevrolet, que es la primera marca mundial, Cadillac, Buick y GMC.
Con estas cuatro marcas es difícil que General Motors lidere la
industria mundial y repita los 8,35 millones de automóviles vendidos
en 2008 en todo el mundo (opera en 140 mercados), de los que más de
cuatro millones correspondieron a su área de influencia más cercana,
la norteamericana, integrada por el mercado doméstico, Canadá y
México.
Con esta cifra de ventas y las superiores de ejercicios
anteriores, General Motors ha peleado su situación de liderazgo
mundial con el grupo japonés Toyota, que ganó durante algunos meses
y que recuperará de nuevo.
GM tendrá que reinventarse, desde la gestión, la dimensión y
organización, a un cambio radical de producto que inspire de nuevo
al comprador, desconfiado, no sólo por la situación de la compañía,
sino por el diseño, eficiencia y fiabilidad de sus automóviles.
En un momento distinto, este profundo cambio tendría acumuladas
en el comprador, especialmente el norteamericano, menos dudas, pero
con un mercado sometido en todo el mundo a fuertes caídas de ventas,
salvo excepciones, el estímulo de la confianza es aún más arduo.
La "Nueva GM" deberá afrontar un cambio radical de producto y
nuevas tendencias que, inicialmente, chocarán con un mercado
instalado en hábitos de compra de un tipo de vehículo aún de grandes
dimensiones y movido por poderosos motores, el polo opuesto a los
objetivos medioambientales marcados por el presidente de Estados
Unidos, Barack Obama.
Coches más pequeños y eficientes o grandes pero equipados con
motores más eficientes y limpios marcarán una nueva etapa en GMC y
en un mercado en el que los fabricantes europeos y japoneses se
consolidan y en el que Fiat, de la mano de Chrysler, entrará con
posibilidades de fabricar y vender.
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